Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

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sábado, 21 de marzo de 2015

La santa quemada, el culebrón y el castro de Turcia



En artículos anteriores habíamos tratado sobre lugares con culto termal y hagiografías de santos martirizados con agua y fuego que, en ocasiones, se las habían con algún dragón cruel. Vimos, por ejemplo, la tradición popular de Santa Mariña de Augas Santas, en Ourense, condenada a ser quemada en el horno de una sauna castreña y rescatada y refrescada por San Pedro en una bañera excavada en la peña(1), o el santuario termal de La Edrada(2) en Cacabelos, ligado a Bergidum, en cuya cristianización participó un santo cordobés, San Ascisclo, que fue sometido a martirio en un horno y después arrojado con unas piedras al cuello al río Guadalquivir. Por último, y aunque aquí no hay evidencia de culto termal prerromano, expusimos la tradición popular de Santa Marina de Luyego(3), en Maragatería, León, cuya hagiografía relata cómo fue sometida al tormento del fuego y del agua, cómo se enfrentó a un dragón, y como permaneció convertida en piedra, olvidada y aislada por un río, el Duerna, hasta que fue reencontrada.

Castro de Turcia

En este artículo trataremos sobre tradiciones populares recogidas en Turcia, un pueblo de la Ribera del Órbigo, en León, que evidencia significativas características comunes con los anteriores. Estos relatos populares han sido recopilados por Jose Luis Puerto en un libro de referencia obligado para todos aquellos interesados en el legado tradicional oral del Noroeste: Leyendas de tradición oral en la provincia de León, al que nos vamos a referencia en más de una ocasión en las próximas entradas. Veamos los relatos:

«Bueno, el castro de Turcia, estuvieron los moros, al parecer, allí. Porque ya mis padres, y yo creo que mis abuelos que en paz descansen, ya no vieron los moros, ya no los conocieron. Bueno. Y nació una santa, Santa Cristina. Nació santa Cristina, y, como los moros eran renegaus, y, como Santa Cristina era santa, pues la mandaban con las ovejas, dice que tenían ovejas; cuando llovía o hacía mal tiempo, hacía un corrín, con la cayada que le llamaban, metía las ovejas allí, y ella llegaba a casa y llegaba seca, y las otras moras llegaban mojadas. Y el padre le llamaba la hechicera.

– La mi hechicera, ¡que todas vienen mojadas y ella no!– dice que decía el padre, el moro.

«Y, bueno, la mandaban con las ovejas. Y después una vez estaba a la orilla del río, la santa esa. Y estaba rezando. Y pasó un señor, un caballero que le llamaban, pasó un señor, y decía:

– Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
El Señor es contigo
y maldita tú eres.

«Y le dijo aquel señor:

– Así no se reza, niña, así no se reza.

«Dijo:

– ¿Cómo se reza?

– Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
El Señor es contigo
y bendita tú eres.

«Y se le olvidó. Y extendió la mantillina por el ríu, pa la parte de Sardonedo, pasó por encima de la mantillina a preguntarle a aquel señor a ver cómo se rezaba. Y se lo dijo. Y sus padres eso no lo podían ver, no podían ver que rezara, que rezara, las cosas de los santos.

«Después hizo un chisme, dice que con unas cuchillas, el moro, y la metió en aquellas cuchillas, y le daba la vuelta, pa que la niña, pa que se matara. Y no se mató. Después arrojó [encendió] el horno y la metió en el horno. Y salía mucho más guapa que la había metidu. Pero después ya, una vez, ya se cansó, y le pidió a Nuestro señor que la mandara pa allá y la mandó. Tendría unos catorce años.

«Es muy curiosita, ¿eh? Ya han ido aquí de Benavides conmigo a ver a Santa Cristina, pero ya está, ya está la pobrecita, ya está, vamos, se conoce que tiene muchus siglus.

«[¿Y no eran tres hermanas?] Sí, eran tres hermanas que están pa allá pa arriba: Santa Catalina, en Cimanes, sí; la otra no me acuerdu… Ellas todas estaban en un altu. Si, eran hermanas, sí, y eran todas santas; sí, todas en alto, todas.

«[¿Y qué pasó con los moros, dejaron tesoros escondidos?] Muchos creo que dejaron, pues allí en el castro, claro. Eran onzas, onzas de oro, onzas de oro.

«Y fue una señora a yerba, a yerba, – no sé si usté sabrá lo que es– pa mantener las vacas todu el verano. Y salió una mora a estar con aquella señora de mi pueblo, a ver si estaba criandu. Yo se lo digu como lo oí. Y aquella señora dice que le dijo que sí. Y la mora la dijo:

– Pues entonces ¿no le podría dar un poco de mamar al mi niño?

«Y dice que le dijo que sí; pero en donde los moros, en la vivienda de los moros dice que no entraba nadie. La mora le sacó el niño, la señora de mi pueblo le dio de mamar, la mora le sacó siete onzas. Pero la de mi pueblo no supo lo que eran y las fue tirando por el camino. Y le quedó una prendida en el delantal. Y llegó a casa con la onza. Y le dijeron:

– Pero ¿tú qué traes aquí?

Dijo:

– Nada.

Bueno, se lo explicó.

– ¡Ay, Dios mío!

«Ah, le dijeron que era oro; en casa, le dijeron que era oro, ya lo sabían mejor que ella. Fueron a por las otras que había tirado, pero ya la mora las había apañado, al parecer»(4).

En este relato encontramos varios elementos interesantes: Santa Cristina era mora y nació en el castro de Turcia. Tenía otras dos hermanas así que formaba una trinidad con ellas como las Matres o los tres aspectos de la Luna. Todas ellas están ligadas a un lugar elevado. Santa Cristina, como la santa Mariña orensana o la de Luyego, fueron martirizadas con fuego en un horno, lo cual podría señalar un culto termal (en el caso de Santa Mariña así es). Con la tradición de Luyego también comparte el papel destacado de un puente (vedado a santa Marina) que en la leyenda cruza el Duerna y en la riberana, el Órbigo. El relato, extendidísimo, de la señora que da de mamar a los hijos de una moura no parece contextualizado en el castro, así que no lo consideraremos aquí. Por último, la tradición declara que en el castro existe un tesoro, algo valioso que nosotros, en este artículo, trataremos de encontrar.

Otro relato...

«Bajaban las moras por agua al Barbadiel que le llamamos. Y, por donde bajaban, por aquellos sanderus, que echaras trigu, que echaras garbanzus, que echaras lo que echaras, allí no daba nada, estaba como estos azulejus. Mi padre tenía allí un barrial, porque estaba muy pisao, porque yo qué sé lo que era. ¿Yo qué sé lo que fue?

«[¿Y el castro estaba hueco por dentro?] Sí, por dentro. [¿Y qué había?] ¿Qué había? Los moros; los moros, las habitaciones, claro, los moros. Y que estaban muy ricos. [¿Y nadie se atrevía a entrar?] Oh, nadie; sí, hombre, no lo mandaban. No le digo que aquella mora, que salió, a ver si le daba eso, no, allí no entraba nadie, creo.

«[Dice que sentían las puertas] Sí, sí, las sentían, cuando iban con las vacas sentían las puertas, sí; sí, sí, sí, pero verlos moros, o sea, entrar, allí nunca jamás creo que entraron. Y ya te digo, yo sé, porque eso de los praos prietos, y de eso, y sé que llevaban las vacas al parecer por allí, que yo por allí nunca fui con ellas. Las llevaban los antepasaos y era cuando sentían las puertas. Eso»(5).

Por último, también encontramos la leyenda de un culebrón enorme que es asesinado por un vecino. Aunque parece una relato histórico, podría tener origen mítico. A veces, los asesinos de culebrones legendarios no son santos, sino un vecino o grupo de vecinos y, muchas veces, el protagonista cambia con diferentes narradores. Ésta se libró.

«Le vo a contar una historia de una culebra, que tenía la cabeza como esta gorra o más, de tres metrus. La fui a matar yo, cuando estaba en ca el maquinista, en lo de Turcia, allí abaju, ¿sabe ónde está Turcia?, allí abajo. Y estaban así en un chisme de piedras, y yo dije:

−Pues no se puede matar.

«Traía una hoz conmigo, de segare. Y, cuando la tenía guardada, y, cuando voy, ya no estaba la culebra. No la volvía a ver más. Una colebra que era de gorda como el cuerpo mío, de tres metrus, roja, era. Una bicha de miedo. Nunca la he vuelto a vere. Se escondería, que había una cueva allí, de los moros, allí entre unas encinas que hay. Se escondería por allí, porque había una cueva por allí, de los morus. No, no, era una culebra, lo que es una culebra, es decire, era roja y tenía la cabeza y un cuerpo como el mío o más, de tres metrus. Estaba así a la larga. Era al salir el sol. Y, buenu, coju y voy a un cachu que tenía como aquellas trampas, a ver si tenía la hoz por alló, si acasu igual venía unu; porque, si había una hoz, esa colebra te mata. Y ya, cuandu vine pa atrás a ver, que me acerqué así cerca:

−Ya no la voy a vere.

«Y otro chaval, que tenía yo con él, no, no la vimos más.

«Y entonces se lo conté yo al paisanu, al maquinista, que estaba yo de pastor allí. Y dijo:

−Pues está guardada por ahí. –Dijo:−Tú ten cuidao, aunque la veas, si no se tira a ti, déjala. No te arrimes, porque se tira a ti y te come»(6).

Polvaredo
Teleno
Soberón
Peña Corada
De acuerdo a nuestro enfoque etnoarqueoastronómico, cabe preguntarse si esta tradición es la reminiscencia de un antiguo lugar de culto establecido en el castro, y si este espacio sagrado estaba relacionado con algún fenómeno astronómico. Desde lo alto del castro, los picos visibles en el horizonte, susceptibles de ser utilizados como referencias, se abren y extienden a nuestro Norte y Noreste: Polvaredo, Peña Valdorria, Cervunal, Peñas Pintas, Soberón, Peña Corada, Teleno,.... Entre ellos, Soberón señala la puesta del Sol en el solsticio de verano, y casi al límite, se aprecia Peña Corada, que ya fue utilizada para señarlar la salida del sol en el solsticio de verano desde La Candamia(7). En esta ocasión, se trata de la salida del Sol en las fiestas de primeros de mayo/agosto, las que señalan el comienzo y final del verano del calendario de los primeros agricultores y ganaderos del occidente europeo.

Los cálculos aquí.

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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/santuarios-termales-y-dragones-luyego.html

(2) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El dragón del Cúa: el santuario termal de La Edrada, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, hhttp://asturiense.blogspot.com.es/2011/11/el-dragon-del-cua.html

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/santuarios-termales-y-dragones-luyego.html

(4) Everilda Martínez González, Turcia, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 408

(5) Everilda Martínez González, Turcia, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 408

(6) Esteban García García, Quintanilla del Monte, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 894

(7) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El monte sagrado de La Candamia, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, http://asturiense.blogspot.com.es/2011/09/el-monte-sagrado-de-la-candamia.html

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