Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Stonehenge y las cruces del Monte Irago

En el anuncio en prensa del libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, en el Diario de León del 2 de agosto de 2011(1), figuraba como subtitular: «El alineamiento de la Cruz de Fierro es idéntico al de Stonehenge», con la siguiente explicación:

«Uno de los lugares más especiales y conocidos de la zona más estudiada a fondo en este libro, la que tiene epicentro en el monte Teleno, sagrado para los astures, es la Cruz de Fierro. Sobre ella dice que eran "los hitos que delimitaban el coto de la hospedería de San Salvador, concedido por Alfonso VI a Gaucelmo. En mi opinión son también túmulos prehistóricos que, curiosamente, observan, con el paisaje circundante, los mismos alineamientos astronómicos principales del célebre Stonehenge u otros monumentos megalíticos europeos como los círculos de piedra yacente o los túmulos de piedra. En apariencia, son mucho más discretos, pero su propósito astronómico general es el mismo"»(2).

Frecuentemente, y probablemente de manera abusiva, se utiliza el monumento megalítico de Stonehenge como referencia para comparar las características de algunos monumentos prehistóricos. El objeto es, indudablemente, llamar la atención del lector. En las próximas líneas justificaremos la comparación entre el uso astronómico principal de Stonehenge, y las cruces del Monte Irago, entre las que se encuentra la bien conocida Cruz de Fierro, mejor conocida por la absurda y ridícula denominación "Cruz de Ferro": la isoglosa que marca la transición entre la diptongación/adiptongación de la "e" tónica latina se produce bastante más al Oeste, entre el río Sil y el Cúa. Curiosa y lamentablemente, la popularización de esta denominación inconsistente hace creer a muchos que se encuentra ante el ancestral confín de Galicia.

NORTH, J., The Fontana History of Astronomy and Cosmology, Fontana, 1994, p. 340, de SIMS, L., The 'solarization' of the moon: manipulated knowledge at Stonehenge, Cambridge Archaeological Journal, 16, 2, 2006, pp. 191-207
Vimos en el recorrido histórico que hicimos sobre los estudios de arqueoastronomía(3), que el inicial y principal foco de interés fue el monumento megalítico de Stonehenge como William Stukeley, en 1740, en su Stonehenge, A Temple Restor'd to the British Druids o John Smith, en 1771, en Choir Gaur, the Grand Orrery of the Ancient Druids, called Stonehenge, Astronomically Explained, and proved to be a Temple for Observing the Motions of the Heavenly Bodies(4). También despertó el interés de Joseph Norman Lockyer, quien dató su construcción en torno al 1900-1500 a.C. atendiendo a la precisión del alineamiento del solsticio de verano a partir de una medición incorrecta de la avenida(5). En 1963, el astrónomo inglés Gerald S. Hawkins publicó en la revista Nature el artículo titulado Stonehenge Decoded en el que, sirviéndose de la incipiente potencia computadora. Alimentó un IBM 704 con la información geométrica necesaria y obtuvo una sensible frecuencia de declinaciones astronómicas centradas en los valores 29, 24, 19, -29, -24 y -19(6), es decir, las correspondientes a solsticios y lunasticios. Hawkins estimó la probabilidad de que el conjunto de alineamientos fuera casual en un 0.006%(7), cálculo en el que Clive Ruggles encontró algunos fallos que una vez corregidos, llevan a una probabilidad de aproximadamente el 65%(8).

HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 65, 140-141
HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965
Lionel Sims, siguiendo a John North, considera que el alineamiento principal de Stonehenge no era hacia el solsticio de verano, sino hacia el solsticio de invierno, unido a un alineamiento lunar en su lunasticio menor sur.

«El gran trilitón fue concebido para permitir dos observaciones principales desde la Heel Stone, una de la puesta del sol en el solsticio de invierno en su base, y la otra de la puesta de la luna en su lunasticio menor Sur en su parte superior [...] Cuando la luna se pone, su último destello dentro de la ventana se habría ido gradualmente desplazando, día a día, desde el lado de la derecha a la izquierda, y después se habría revertido. En otras ocasiones, no se habría revertido, y habría continuado más y más hacia el sur. Si este segundo tipo de comportamiento se consideraba normal, entonces el lunasticio menor sur se vería como algo milagroso, y quizás esta fue la razón para prestarle tanta atención»(9).

Sims argumenta que los alineamientos dobles del Sol y la Luna que presentan estos monumentos se centran en el solsticio de invierno y que durante esta estación, la Luna llena se produce en el horizonte norte mientras que, como hemos visto, los alineamientos con los lunasticios mayor y menor se dirigen al sur. Es decir, la combinación de la detección del lunasticio sur mayor y menor y del solsticio de invierno señala a la noche más larga y oscura, la más terrible de todas. Sims indica que esta detección tendría interés en un momento en el que se está produciendo una sustitución de una cosmología lunar y femenina propia de los pueblos cazadores del Paleolítico en la que la Luna llena era momento de celebración y la Luna nueva de rígidos tabús y de aislamiento ritual de las mujeres, por otra solar y masculina que se desarrolla en el Neolítico en la que se produce un relajamiento en el respeto a este ciclo lunar y que busca subordinar y asimilar aquella integrando los antiguos rituales sagrados propios de la Luna nueva en un nuevo ciclo marcado por el Sol(10).



La monumentalidad de la Cruz de Fierro no es, sin duda, comparable a la del monumento megalítico británico. Morfológicamente es un túmulo de forma cónica de aproximadamente 18 metros de diámetro y 5 metros de altura, con una tradición, la de arrojar piedras, condenada por la Iglesia y que lo relaciona con otros túmulos de piedras europeos.

«Famosísima era –y lo es– la "Cruz de Ferro" (sic) donde los peregrinos que iban a Compostela dejaban una piedra –que traían desde el lugar de origen– al dar vista a la Galicia de entonces, sobre el montón inmenso de guijarros que miles y miles sirven de peana a la cruz y nos habla de la profusión numérica de la romería.
«Está formado este originalísimo monumento por el montón de cantos rodados de que hablamos, y de ellos emergiendo un asta de madera de cinco metros de altura se corona con una pequeña cruz de hierro que los vecinos de Foncebadón habían de mantener siempre en pie –como compensación a los privilegios aludidos– y que aun sin ello, sostienen y cuidan con verdadero amor. Y si la visitamos casi siempre a su lado podremos ver algún peregrino –sobre todo franceses– de los que aún hacen a pie la ruta jacobea y que trae, como los medievales, una piedra en su zurrón para dejarla aquí.
«Este montón de piedras fue en su origen –señala la 'Guía de la Diócesis de Astorga'– uno de los llamados Montes de Mercurio de naturaleza celta con los que los caminantes señalaban, mediante montoncitos de piedra, lugares estratégicos de los caminos y que luego cristianizaron con cruces, 'siendo el más famoso este de Foncebadón' incorporado luego a las peregrinaciones jacobeas y crecido desmesuradamente al dejar cada peregrino la piedra que para ello traía en su escarcela»(11).

Cruz de Fierro de Foncebadón
Martín Dumiense denunciaba en el siglo VI prácticas paganas en Gallaecia (que entonces incluía la Asturia) consistentes en la rendición de culto a montones de piedra asimilados a Mercurio.

«Otro demonio quiso llamarse Mercurio: éste fue inventor astuto de todo tipo de hurto y fraude, a quién como a dios de lucro los hombres codiciosos, al pasar por encrucijadas, con las piedras que arrojan le ofrecen montones de ellas como sacrificio»(12).


La práctica de la ofrenda de piedras está extendida por otros lugares de la zona: Mata la Cuba de Molinaferrera, la Casa de la Moura de Filiel, la romería de santo Toribio de san Justo de la Vega, así como en otras regiones peninsulares(13), europeas(14) y mundiales(15).

La Cruz de Fierro fue uno de los mojones fijados por Alfonso VII de León en su concesión a Gaucelmo para fijar los límites del hospital de San Salvador:

«Yo Alfonso, por la gracia de Dios, emperador de toda España, con consentimiento de la reina Isabel, mi mujer, y a súplica del ermitaño Gaucelmo, eximo de toda contribución a la Yglesia de San Salvador que está sita en el Monte Irago, con la alberguería que hay en el paraje llamado Fonsabbaton y es mi voluntad que así la dicha Yglesia, como también la mencionada alberguería sean enteramente libres y exentas, para que se empleen los que viven en ellas en servir a Dios y en hospedar a los pobres romeros, o sea, peregrinos. Y les señaló por cotos las cruces que están alrededor, es a saber: por la fuentecilla y la carretera, o sea, camino ancho que va por Ciresuelo de Yusano y por la encrucijada de Astorga de Potata y por la Peña de Candanedo, en el paraje el camino de Fuencalada sale a la dicha carretera; de suerte que ninguna persona, aunque sea merino del rey o sayón u otro cualquiera, tenga la autoridad que tuviere, se atreva a entrar en dicho coto, ni a quebrantar su inmunidad, ni a exigir dentro del dicho Coto prenda por razón de ninguna caloña a los que vivieren o sirvieren allí... Y, por tanto, quiero que el expresado Coto reconozca sólo al sobredicho Gaucelmo por su señor y no a otro ninguno de la tierra, y que a los que vivieren o sirvieren en él no se les pueda apremiar a que presten ningún servicio del dominio temporal, antes bien se mantengan libres y exentos perpetuamente y por todos los siglos de los siglos Amén»(16).

La concesión del Emperador revela su antigua función como mojón, al delimitar el coto de Gaucelmo y por tanto, en consonancia con la función ya demostrada de los monumentos megalíticos como organizadores del espacio. Manifiesta además una evidente reminiscencia de culto religioso precristiano al participar de la extendidísima tradición asociada a este tipo de monumentos funerarios consistente en el depósito y ofrenda de piedras, así como por la erección de una cruz que lo integra en el cristianismo y con la que además se identifica.

Cruz de las Tejadas
Lo que queda de la Cruz de Candanedo
Las otras "cruces" son también otros túmulos: uno cercano pero al otro lado del Pico Corbos en el camino a las Tejedas, y otro en el Pico Candanedo(17).

Y ahora tratemos sobre esa analogía entre la utilidad astronómica de Stonehenge y las cruces del Monte Irago. Cuando estudié la Cruz de Fierro y la de las Tejedas, cuyo resultado publiqué en Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, en una etapa inicial sólo consideraba alineamientos solares, en los solsticios y fiestas de media estación. En realidad, entonces desconocía el interés de otro tipo de alineamiento astronómico.

Vista desde la Cruz de Fierro a los Montes Aquilanos
Vista desde la Cruz de las Tejadas a los ontes Aquilanos
Vista desde la Cruz de Candanedo al Pico del Redondal
El conjunto de picos en el paisaje desde la Cruz de Fierro es muy limitado: el Becerril en primer plano, y el Cerro del Picón, la Cabeza de la Yegua, el Alto de las Beriaínas, el Pico Tuerto y la Guiana en segundo. Desde el túmulo del camino a las Tejedas, antigua cruz de la alberguería de San Salvador y separado de aquel por una distancia de 690 metros, se añaden a esta nómina el Cerro Campón y Peña Escruca. El Cerro del Picón está parcialmente ocultado por el Becerril aunque desde ambas localizaciones es visible su cumbre.

Me llamó la atención que desde la Cruz de Fierro sólo se produjera el alineamiento solar en un referente destacado pero no especialmente conspicuo, que el sector de horizonte útil fuera limitado y que hubiera otros picos más pronunciados con declinaciones próximas a las del Sol. Así que consideré la posibilidad de alineamientos en la puesta de los planetas visibles a simple vista y de la Luna. Entonces descubrí que una característica señalada del uso astronómico de algunos monumentos megalíticos británicos eran los alineamientos en los lunasticios, como vimos en un artículo anterior: Lunasticio(18). Al interés de la puesta del Sol sobre el Morredero en el solsticio de invierno, visto desde la Cruz de Fierro, podíamos añadir el de la Luna sobre el notable Cerro del Picón en el Lunasticio Mayor Sur. Asimismo, desde la Cruz de las Tejadas, tenemos alineamientos en la puesta del Sol del solsticio de invierno sobre la Cabeza de la Yegua y en la puesta de la Luna del Lunasticio Menor Sur sobre Pico Tuerto. A esta relación podemos añadir el del Lunasticio Mayor Norte desde la Cruz de Candanedo sobre el pico del Redondal. Las Cruces de Fierro y de las Tejadas incluyen pares de alineamientos en el solsticio de invierno y en los lunasticios al Sur, como los alineamientos principales reconocidos en Stonehennge según el planteamiento expuesto por John North y justificado por Lionel Sims por la necesidad de reconocer el acontecimiento de la Luna Nueva en el solsticio de invierno, la noche más larga y oscura que se produce cada 9 años.

Podéis descargar los cálculos en este enlace.

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(1) GANCEDO, E., Las mil caras del dios de los astures, Diario de León 2/8/2011

(2) GANCEDO, E., Las mil caras del dios de los astures, Diario de León 2/8/2011

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Desarrollo histórico del estudio científico de los usos astronómicos en la Prehistoria, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/12/desarrollo-historico-del-estudio.html

(4) HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 37-41, 134-135

(5) LOCKYER, J., Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, MacMillan and Co., 1906, pp. 62-68

(6) HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 129-152

(7) HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 168-172

(8) RUGGLES, C.L.N., Astronomy in prehistoric Britain and Ireland, Yale University Press, 1999, pp. 35-43

(9) NORTH, J., Stonehenge: Neolithic Man and the Cosmos, 1st ed. London: Harper Collins, 1996, pp. 474-475, citado por SIMS, L., The 'solarization' of the moon: manipulated knowledge at Stonehenge, Cambridge Archaeological Journal, 16, 2, 2006, pp. 191-207.

(10) SIMS, L., Lighting up dark moon: ethnographic templates for testing paired alignments on the sun and the moon, Lights and shadows in cultural astronomy: proceedings of the SEAC 2005: Isili, Sardinia, 28 Junio a 3 de Julio, editado por Mauro Peppino Zedda y Juan Antonio Belmonte. Publicado por Associazione Archeofila Sarda, Isili, Italia, 2007, p. 309; SIMS, L., The 'solarization' of the moon: manipulated knowledge at Stonehenge, Cambridge Archaeological Journal, 16, 2, 2006, pp. 191-207.

(11) ALONSO LUENGO, L., Los maragatos. Su origen, su estirpe, sus modos, Ediciones Lancia, León, 1992, pp. 130-131

(12) MARTÍN DUMIENSE, Sermón contra las supersticiones rurales, Ediciones El Albir, 1981, p. 29

(13) «creencia existente en numerosos lugares de que los antepasados míticos (hadas, gigantes, etc.) habitan o han quedado convertidos en piedras de formas sobresalientes. [...] Esta creencia está relacionada con la de que los espíritus de los muertos permanecen o habitan en las piedras; de esta manera se suele explicar el hecho de que se hiciera un montón de piedras en el lugar donde una persona murió, sobre todo si se trataba de una muerte repentina o violenta, como suelen ser las producidas en el campo.[...] En el pueblo de Fuentenebro, al pie de las Cuevas de los Moros y muy cerca del camino, hay unas grandes piedras rodadas que señalan el lugar de la muerte de una mora, por la que las gentes del pueblo, al pasar por delante, arrojaban un pedrusco y rezaban un padrenuestro [...] Lo más frecuente es que la cristianización sea completa y el montón de piedras sea sustituido por la cruz de piedra o, al menos, que aparezcan los dos elementos, pues mucha gente ha seguido arropando, quizás de forma inconsciente, las cruces de este tipo con pedruscos que arrojaban al pasar, al tiempo que musitaban su oración por el ánima del muerto». MARTIN CRIADO, A., Antiguas creencias populares, Revista Folklore nº 217, 1999, pp. 3-22; «la tradición de arrojar una piedra en la cruz de Foncebadón no es la única práctica religiosa precristiana relacionada con el Camino de Santiago, pues también en Asturias sucede algo así, llevando los peregrinos piedras a Santiago de un lugar que recibió el nombre de San Pedro de Cedemonio». MARTINEZ ANGEL, L., Algunas cuestiones sobre el Camino de Santiago, Religión y Cultura 209, 1999, pp. 381-383 citado en MARTINEZ ANGEL, L., Sobre mitología vasca: comparación y repetición, Revista Folklore nº 229, 2000, pp. 33 y ss; «Es sin duda uno de los ritos del culto a Mari o a otros númenes subterráneos la costumbre que hasta hace poco ha sido observada en Ataún y en algunos pueblos de Navarra, de echar piedras en las cavernas [...]. En Aralar los pastores practicaban esto mismo, echando piedras en los dólmenes de Obioneta y Ziñekp-gurutze, operación que era considerada como una oración. En la planicie de Gaztelueta, situada al pie del altozano Beloki (en la sierra de Aralar) existe un túmulo formado por piedras y tierra en el que hasta hace poco muchas personas echaban de noche piedrezuelas en plenilunio [...] En otro tiempo los romeros que iban a los santuarios de Urkiola, de Aránzazu y de San Miguel de Aralar llevaban piedras (guijos o cantos rodados) y las colocaban en los muros de dichos templos. Es costumbre, que los peregrinos que suben a San Miguel de los pueblos de Arruazu y Azcarate han observado hasta nuestros días» BARANDIARÁN, José Miguel de: Mitología del Pueblo Vasco, Bilbao, 1997, p. 36 citado en MARTINEZ ANGEL, L., Sobre mitología vasca: comparación y repetición, Revista Folklore nº 229, 2000, pp. 33 y ss.

(14) Montones de piedra griegos asimilados a Hermes y ofrendas de piedras con destino a los pobres y hambrientos. NILSSON, M. P., Greek Folk Religion, University of Pennsylvania Press, 1972, p. 8; «en las regiones célticas se coloca un montón de piedras o una cruz sobre el lugar en el que sucedió una muerte violenta o accidental con el fin de aplacar a su fantasma, y frecuentemente se añade una piedra por los que pasan» MacCULLOCH, J.A., The Religion of the Ancient Celts, 1911, republicado por Bibliobazaar, 2006, p. 11

(15) PERRY, W. J., The Megalithic Culture of Indonesia, Manchester University Press, 1918, pp. 27-32; DEAN, C., A Culture of Stone: Inka Perspectives on Rock, Duke University Press, 2010

(16) QUINTANA PRIETO, A., Temas bercianos, 1, Los monasterios del Alto Bierzo, Editorial Bérgida, Ponferrada, 1983, p.144

(17) PEÑA SANZ, M., El Monte Irago, y sus interrogantes (unas notas a vuela pluma), Revista Argutorio, nº 3, 1999, pp. 9-10; PEÑA SANZ, M. Los caminos a Galicia, Astúrica de Potata, y Herman Künig, en una mezcolanza sólo a medias irónica, Revista Argutorio, Nº. 4, 2000, pp. 35-37; PEÑA SANZ, M., La Cruz de Ferro, y Mercurio, El Faro de Astorga, Tribuna, 3/09/1998

(18) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Lunasticio, Asturiensis Prouincia Indigea, 2012

sábado, 14 de diciembre de 2013

Desarrollo histórico del estudio científico de los usos astronómicos en la Prehistoria

Una de las más antiguas referencias al posible uso astronómico de un monumento megalítico, corresponde al inglés William Stukeley, que en 1740, refiriéndose al conjunto de Stonehenge en su Stonehenge, A Temple Restor'd to the British Druids, afirmaba que «la línea principal de todo la construcción [de Stonehenge], el Noreste, por donde el Sol nace cuando los días son más largos». Por entonces, también John Smith defendía que era un templo lunar, y en 1771, en The Grand Orrery of the Ancient Druids, called Stonehenge, Astronomically Explained, and proved to be a Temple for Observing the Motions of the Heavenly Bodies, sostenía era un tipo numérico-místico de calendario y redundaba en la idea de que su eje principal está orientado al solsticio de verano. En 1796, Henry Wansey, sugería que Stonhenge pudo haber sido utilizado para predecir eclipses y a mediados de siglo XIX, Rev. Edward Duke reconocía otros alineamientos en Stonehenge al solsticio de verano y al solsticio de invierno.

En 1869, Heinrich Nissen realizaba el primer estudio sistemático de orientaciones de templos griegos en Das Templum: Antiquarische Untersuchungen, que fue continuado por Francis Penrose en el artículo The Orientation of Greek Temples publicado en la revista Nature y por su fundador, el físico y astrónomo Norman Lockyer, que extendería su estudio a la orientación de algunos templos egipcios que publicaría en The Dawn of Astronomy: A Study of the Temple-worship and Mythology of the Ancient Egyptians, en 1894. También A. L. Lewis, en su Stone Circles of Britain, 1892, recopiló una gran cantidad de monumentos megalíticos británicos susceptibles de ser interpretados astronómicamente, considerando no sólo alineamientos definidos por la estructura del monumento, sino también con colinas conspicuas del paisaje, aunque su estudio no es muy preciso.

Podría decirse que Norman Lockyer, junto con Heinrich Nissen, fueron los primeros en aplicar un método científico en el estudio del posible significado astronómico de monumentos antiguos. Posteriormente, en 1906, Lockyer dirigió su atención a las Islas Británicas donde analizó la orientación de algunos monumentos megalíticos en Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered señalando alineamientos solares, lunares y estelares También fue uno de los primeros en sugerir que durante el Neolítico y Edad del Bronce existía una práctica relacionada con el calendario muy extendida por las Islas Británicas según la cual el año era dividido en 8 partes iguales. A pesar de que sus trabajos fueron ignorados desde la Arqueología, despertó el interés de otros investigadores como el capitán naval Henry Boyle Somerville, que en su artículo Prehistoric monuments in the Outer Hebrides, and their astronomical significance, publicado en Journal of the Anthropological Institute, en 1912, fue el primero en señalar posibles alineamientos lunares en el monumento megalítico de Callanish. Esta publicación, así como los trabajos previos de Lockyer, también llamaron la atención del ingeniero escocés Alexander Thom, cuya aportación al estudio de la función astronómica de los monumentos megalíticos británicos constituye una parte muy importante de los cimientos de la arqueoastronomía actual. Su primer artículo fue publicado en 1954: The solar observatories of Megalithic Man, en Journal of the British Astronomical Association, al que siguió el libro Megalithic sites in Britain, en 1967, en el que analizaba la información procedente de 500 monumentos. A estos siguieron Megalithic lunar observatories, en 1971, y Megalithic remains in Britain and Brittany, en 1978, entre otros muchos artículos.

Una de sus propuestas más relevantes es que la construcción de los círculos megalíticos se realizó a una unidad de medida que denominaba la “yarda megalítica”, muy semejante a la vara utilizada en España. Otra que estos círculos estaban realizados siguiendo diseños geométricos como elipses, ovoides, etc., de modo que sus ejes de simetría encapsulaban alineamientos astronómicos de interés. La tercera idea era que los alineamientos astronómicos eran muy precisos, del orden de 0,1º, tanto que permitiría reconstruir la perturbación de 9’ asociada al ciclo de regresión de los nodos de la luna y así el ciclo de 173 días como base para la predicción de eclipses.

La presentación que hace Thom del hombre del Neolítico como un ingeniero competente con un profundo conocimiento de geometría aplicada choca con la visión de los arqueólogos coetáneos de comunidades que practican una economía de subsistencia primitiva. Esta claro aunque ni Thom, ni otros muchos arqueoastrónomos (que principalmente proceden del campo de la Física) muchas veces no manejan la dimensión histórica o cultural del yacimiento arqueológico que están estudiando, las conclusiones del ingeniero escocés son difícilmente refutables ya que se basan en un meticuloso trabajo de campo y un riguroso análisis estadístico. Si bien, los procedimientos seguidos por Thom en cuanto al estudio de campo , el análisis de los datos y la presentación de los resultados constituyen la base fundamental de la metodología seguida por la arqueoastronomía actual, algunas de sus conclusiones han sido revisadas. La elevada precisión que defiende choca con la incertidumbre debida a la refracción atmosférica, se han cuestionado los criterios en la selección de los datos que incluye en sus análisis estadísticos y se ha criticado su visión de los artífices de los monumentos megalíticos como una proyección de sí mismo.

En 1963, el astrónomo inglés Gerald S. Hawkins publicó en la revista Nature el artículo titulado Stonehenge Decoded en el que analizaba distintos alineamientos astronómicos reconocidos en la estructura de este monumentos megalítico. La principal novedad es que para realizar los cálculos se sirvió de un computador, lo que favorecía la idea de considerar Stonehenge como una especie de computadora neolítica. En 1964 publicó en la misma revista el artículo: Stonehenge: A Neolithic Computer en el que defendía el uso de los 56 agujeros Aubrey como el número entero múltiplo más próximo al ciclo de regresión de los nodos de la Luna de 18.6 años, así como su uso como un sistema de predicción de eclipses. Fue duramente criticado en 1966 por el arqueólogo Richard Atkinson, una autoridad en Stonehenge que, sin embargo, fue impresionado por el rigor de Alexander Thom.

A partir de los años 80, aparecen nuevas figuras de referencia, como Clive Ruggles, arqueólogo, astrónomo y profesor emérito de la Universidad de Leicester, o Michael Hoskin, físico y miembro de la Universidad y del Churchill College de Cambridge, Anthony Aveni, antropólogo y astrónomo estadounidense, que ejerce la cátedra de Astronomía, Antropología y Estudios Nativos Americanos en la Universidad de Colgate de Nueva York, o Juan Antonio Belmonte, del Instituto Astrofísico de Canarias. También se fundó en 1970 la revista Journal for the History of Astronomy y en 1979, Archaeoastronomy. En 1993 se crearon e iniciaron en Estrasburgo las reuniones de la Société Européne pour l´Astronomie dans la Culture (SEAC) por Jascheck, o el inicio de las conferencias INSAP (The inspirationn of Astronomical Phenomenon), en Lazio, Italia.

Precisamente, ha sido Michael Hoskin el que ha facilitado la extensión de los estudios arqueoatronómicos a otras áreas europeas diferentes a las Islas Británicas al presentar cálculos e interpretaciones relativas a monumentos de Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, la península Itálica, Creta o la costa báltica, actividad dentro de la que hay que hacer especial mención a su estudio sobre la orientación preferente de los dólmenes del occidente europeo.

En Europa algunos arqueólogos se han interesado por temas arqueoastronómicos, como Cunliffe, Renfrew, Burl, Euan MacKie, que van venciendo la mutua incomprensión entre la Arqueoastronomía, promovida especialmente por sectores procedentes de la Física y la Ingeniería, y la Arqueología, con orígenes que se remontan a los primeros trabajos de Lockyer. Esta falta de sintonía ha sido explicada por el “lenguaje” utilizado por unos y otros: Matemáticas vs. Humanidades. 

España evidencia una sensible menor intensidad de la investigación arqueoastronómica respecto a otras zonas de Europa y un mucho menor peso en los estudios arqueológicos españoles, que desafortunadamente, no los consideran una fuente complementaria de información útil para comprender la cosmovisión de las personas que construyeron los monumentos cuyas reminiscencias después de milenios son los restos de sus estructuras en forma de yacimientos arqueológicas y la huella cultural sensible en las tradiciones populares locales. Algunos de estos trabajos proceden de la Universidad de Salamanca a través del Departamento de Prehistoria y Arqueología, Almagro Gorbea y Gran-Aymerich en su estudio sobre la orientación astronómica del estanque galo de Bribacte, el equipo de Juan Antonio Belmonte, Rebullida Conesa o García Quintela y Santos Estévez sobre los santuarios célticos de Galicia, Cerdeño en cuanto a la orientación de ciertos elementos de la cultura celtibérica, o mi investigación con una publicación impresa: Teleno, señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte o varios artículo en el blog Asturiensis Prouincia Indigena.


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