Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

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jueves, 16 de febrero de 2012

El santuario rupestre de Quintanilla de Somoza: un paradigma del calendario en el paisaje

Charla sobre el santuario rupestre de Quintanilla de Somoza de la serie “Historias Petreas” de las VIII Jornadas Entrecuesto 2012.

En Maragatería, se han hallado varias manifestaciones de arte rupestre prehistórico. Podríamos compararlas a los huesos de un fósil: se limpian y tratan para hacer posible su conservación. Sin embargo, se requiere un paso adicional que es imaginar el tejido que los envolvía para reconstruir su apariencia y modo de vida. Si en el caso de los huesos este tejido envolvente se obtiene a partir de conocimientos en Anatomía que se han nutrido del estudio de los animales actuales, el de estos yacimientos rupestres procede de leyendas, tradiciones, celebraciones festivas, ideas religiosas y otras reminiscencias culturales reconocidas localmente, en Maragatería, que pueden ser comparadas con las de otros ámbitos regionales más amplios en busca de analogías que nos permitan rellenar lagunas o reconocer patrones. Ese es el propósito de mi libro: Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo, y de la Muerte, o de los distintos artículos que sigo publicando en mi blog asturiense.blogspot.com.

Sin embargo, hoy vamos a centrarnos en el complejo rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza. A pesar de que su existencia fue dada a conocer en la prensa leonesa poco después del hallazgo de los petroglifos de Peñafaciel(1), ya un artículo de Jose María Luengo de 1990 se hacía eco de su existencia. Decía: «Tambien el Sr. Perandones me da cuenta de la existencia de un lugar, cerca de Quintanilla de Somoza, donde existen unas peñas con círculos pequeños que van haciendo indicación hasta llegar a medio kilómetro aproximadamente, a una caja también de peña, donde dicen se encontraron monedas con ocho bordes y tenían fechas de 535. El lugar merece un estudio detenido, ya que puede tratarse o bien de signos circulares o de las típicas cazoletas que tanto abundan en los castros gallegos»(2).

El yacimiento consiste en una peña con una acumulación de piedras de cuarzo blanco o geijos, cazoletas, incisiones y un megalito. Hacia el oriente existe otra peña más pequeña con cazoletas y algo más alejado, un poste de piedra alargado con rebajes e incisiones que la tradición dice que procede del Pico del Castro.











En mi opinión, el estudio de este santuario no debe hacerse de manera independiente a una pieza importantísima hallada en sus inmediaciones, la célebre lápida votiva con la leyenda: “Uno es Zeus-Serapis-Iao” con una gran mano mostrando la palma y los dedos extendidos, y un triángulo encima. Se postula su origen en el siglo III de nuestra era y ha sido objeto de estudio por parte de varios investigadores tales como Antonio García Bellido(3), Julio Mangas(4), Martín Almagro Basch(5), María Paz de Hoz(6) o Sabino Perea y Santiago Montero(7), entre otros, que ya la han descrito e interpretado como un producto cultural romano en un momento en el que en el conjunto del Imperio bullen influencias culturales y religiosas entre sus provincias. Sin embargo, ninguno de ellos lo ha hecho en el contexto de un espacio de culto prerromano astur, algo que considero necesario dada su proximidad al notable yacimiento megalítico y de arte rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza.

Como podemos observar, destaca una mano extendida, la misma que utilizamos hoy en día para saludarnos. No creo que sea símbolo de hospitalidad como sostiene la placa que la identifica en el museo de León, sino como propiciador de salud y prosperidad en beneficio de la persona que recibe el saludo. Se trata de un símbolo muy antiguo, pues aparece como atributo de muchas figuras antropomorfas presentes en representaciones de arte rupestre europeos: escandinavos, italianos, españoles y franceses, de los que infiere Adolfo Zavaroni que la mano abierta era un símbolo de resurrección por excelencia del dios de la fecundación(8). Su significado también está presente en diversos relatos mitológicos indoeuropeos que tratan la recreación periódica del mundo así como el triunfo y sustitución del dios joven del verano sobre el dios viejo del invierno, tema que he tratado en la serie de artículos de mi blog: Quién es el dios Teleno. En estos relatos, la mano es el atributo principal de un dios de origen mortal, hijo solar del dios supremo del cielo, cuyo destino es crear el mundo y ocupar el puesto de su padre después de dar muerte a las fuerzas de la oscuridad personificadas en un dios viejo con características evidentemente lunares y cuyo atributo es precisamente la perdida de una mano. Según Gricout y Hollard, la mano podría representar al sol y los dedos sus rayos(9).
Si volvemos al ara observamos un triángulo, una unidad con tres caras. La estructura tripartita es otra de las características esenciales de este joven hijo del Sol, que además se reproduce en los panteones divinos fundamentales de las religiones indoeuropeas: la triada capitolina latina con Júpiter-Marte-Quirino, la nórdica con Thor-Odín-Freyr, la irlandesa con Dagda-Lug-Ogmios, o las galas Cernunnos-Apolo-Mercurio, Taranis-Teutates-Esus, etc. Una de estas caras, o vértices, correspondería al dios manco y viejo del invierno mientras que la otra, al dios joven del verano de la mano poderosa. Un dato procedente del estudio de Sabino Perea y Santiago Montero nos va a permitir profundizar más en esta idea. Se trata de una fórmula del oráculo de Apolo Klario conservado por Macrobio en el 400 d.C., que puede relacionarse con la inscripción de la lápida de Quintanilla. Macrobio dice:

«Y como aquel verso es más ambiguo, este otro del mismo poeta [Orfeo] es más elaborado: "Uno Zeus, uno Hades, uno Helios, uno Dioniso".
«La autoridad de este verso se basa en un oráculo de Apolo Clario en el que le da otro nombre más al sol, que en estos versos sagrados, entre otros nombres, recibe el de Iao. Pues Apolo Clario, al serle preguntado cuál de los dioses había que considerar que era aquel que es llamado Iao, habló así: "Aquellos que conocen los misterios impronunciables deben mantenerlos en secreto. Mas si tu comprensión es limitada y tu mente débil, sabe que Iao es el dios supremo de todos los dioses, en invierno Hades, Zeus al comenzar la primavera, Helio en verano y en otoño el tierno Yaco"
«El sentido de este oráculo y la interpretación de la divinidad y de su nombre, según la cual Iao se identifica con el padre Liber y con el Sol, han sido estudiados por Cornelio Labeón en un libro cuyo título es El oráculo de Apolo Clario»(10).

Es decir, el significado último de esta lápida es la afirmación de que existe un único dios con varias facetas complementarias que se corresponden con las distintas estaciones del año. Iao representaría a la divinidad suprema, Serapis a su aspecto lunar, viejo e invernal y Zeus a su aspecto solar, joven y veraniego.

En cuanto a nuestro santuario rupestre, el elemento que me parece más interesante es su megalito. Consiste en una gran bloque alargado apoyado en dos lajas, que está alineado hacia la dirección del nacimiento del sol en las fiestas de media estación invernales. Este alineamiento coincide con el de la Albarda de Peñafaciel así como el de la mayoría de los dólmenes del occidente europeo los cuales han sido analizados estadísticamente por Michael Hoskin(11). En relación con este uso astronómico está la afimación del astrónomo inglés, y fundador de la revista Nature: «los dólmenes no han sido, estoy convencido, en muchos casos originalmente tumbas, sino lugares de observación que permanecen en la oscuridad para observar a lo largo de una línea de visión; esto se conseguía con mayor eficacia por medio de un sepulcro de corredor, el predecesor de la oscurecida naos en Stonehenge, escudada por sus trilitos cubiertos»(12).




En el sentido contrario del eje del megalito se produce el alineamiento con la puesta del sol en las fiestas de media estación que dan comienzo y fin al verano, Lugnasad o Asamblea de Lug y Beltaine o Fuego de Bel. Es decir, este megalito verifica las cuatro fiestas de media estación que dividen el año en cuatro estaciones.


El calendario nos permite medir el transcurso del tiempo. Desde antiguo el Hombre observó que el movimiento de los astros en el cielo era regular, y se sirvió especialmente del ciclo de la luna (en sociedades de cazadores) y del sol (en sociedades agrícolas y ganaderas), así como de las estrellas para regular sus actividades de explotación económica de la Naturaleza. De hecho, hasta hace muy poco, el momento de iniciar determinadas tareas relacionadas con el campo se correspondía con ciertas fechas del calendario cristiano.

En el solsticio de verano el Sol hace su recorrido más alto y el día es el más largo del año en medio del periodo de tiempo en el que la tierra exhibe su máximo crecimiento y fertilidad. En el solsticio de invierno, cuando la tierra parece muerta, fría y estéril, el recorrido del Sol es el más bajo y el día es el más corto. Son los polos del ciclo anual del Sol e invitan a la división del año en dos partes que darían comienzo en los equinoccios. Un paso más es dividir el año en cuarto partes que se corresponden con nuestras estaciones de modo que la fecha central del verano y del inverno estén ocupadas con sus respectivos solsticios. Si estas estaciones tienen las misma duración darán comienzo en unas fechas que se conocen con fiestas de media estación, que se producen a medio camino entre los solsticios y los equinoccios y que popularmente se conocen como “calendario celta”. En mi libro, Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, hice un recorrido por los calendarios atlántico, germánico, griego y romano, así como por nuestras fiestas populares constatando que los Carnavales, San Antón, Santa Brígida, Las Candelas o San Blas remiten a la fiesta de media estación que denominamos convencionalmente Imbolc, las fiestas del mayo y las rogativas a Beltaine, San Juan, San Pedro o San Antonio al solsticio de verano, las fiestas patronales de agosto a Lugnasad, Todos los Santos o San Martín a Samain y la Navidad al soslticio de invierno(13). Las fiestas de San Salvador, patrón de Quintanilla de Somoza, San Antón, frecuentemente en relación con el comienzo del Carnaval junto con la Candelaria o San Blas, y la fiesta del Cristo el martes siguiente a la Pascua de Pentecostés, bien pueden ser reminiscencias de las fiestas de Lugnasad, Imbolc y Beltaine de este calendario prehistórico ancestral.

Está claro entonces que si hay unas fechas que son fiestas que además tienen un significado sagrado ya que cumplen con una determinada función mágica orientada a gobernar los ciclos de la Naturaleza a favor del Hombre, habrá también unas direcciones sagradas, ligadas a esta función. Nuestro megalito, además de manifestar esta dirección sagrada en un alineamiento definido por el eje de su estructura, tendría además un propósito práctico que es el de conocer el acontecimiento de estas fechas principales, es decir, permitir al Hombre el seguimiento del ciclo solar.

En mi blog hay un artículo con título La génesis del calendario: el calendario prehistórico, en el que defiendo que el hombre antiguo no podía determinar el acontecimiento de los equinoccios para utilizarlos como base para la determinación de las fiestas de media estación. En su lugar utilizaban el punto medio entre los solsticios, criterio que me ha permitido determinar que fue en torno al s. X cuando se asentó la tradición popular de considerar la celebración de estas antiguas fiestas a principios de febrero, mayo, agosto y noviembre.

Podemos concluir, por tanto, que la lápida votiva de Quintanilla de Somoza, aunque producto de un momento en el que el territorio astur está integrado en el Imperio Romano, aparece en el contexto de un santuario prerromano en cuya estructura se proyectan las direcciones sagradas que señalan el acontecimiento de las cuatro fiestas de media estación, un calendario original que es sensible en nuestro calendario festivo popular. La interpretación de la lápida subraya el carácter sagrado de este calendario y nos proporciona una clave para la comprensión de la cosmovisión de los astures del siglo III que se basa en la unidad de la divinidad aunque esta pueda manifestarse en la oposición de sus dos facetas contrarias y complementarias: sol/luna, luz/oscuridad, hombre/mujer, verano/invierno o vida/muerte, que mantienen un conflicto crítico en la renovación anual que el Hombre debe resolver, bien por procedimientos mágicos, bien rogando a sus dioses, una concepción que sería coincidente con la deducida en otras religiones indoeuropeas.

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(1) GANCEDO, E., Hallan nuevos grupos de petroglifos a lo largo de 300 metros de roca, Diario de León 13/8/2009

(2) LUENGO MARTÍNEZ, J. M., Lo Celta y lo Celtibérico en la Provincia de León, Estudios Arqueológicos, Homenaje del Excmo. Ayuntamiento. Astorga, 1990, pp. 145-186

(3) GARCÍA BELLIDO, A. Notas sobre arqueología hispano-romana de la Provincia de León, Tierras de León, Vol. 1, nº 2, 1961, pp. 17-20

(4) MANGAS, J., Cultos minorasiáticos en el noroeste de la Hispania romana, Complutum Extra 6 (I), 1996, pp. 485-486

(5) ALMAGRO BASCH, M., Manifestaciones del culto de Zeus Serapis y de Sabazios en España, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006, Edición original: ALMAGRO BASCH, M., Cuadernos de trabajos de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, nº 8, 1956, pp. 199-212

(6) PAZ DE HOZ, M., Henoteísmo y magia en una inscripción de Hispania, Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik 118, 1997, pp. 227-230

(7) PEREA, S., MONTERO, S., La misteriosa inscripción hispana a Zeus, Serapis y Iao: su relación con la magia y con la teología oracular del Apolo de Klaros, Miscellanea epigrafica in onore di Lidio Gasperini, pp. 711-736

(8) ZAVARONI, A., Raised open hands: divinities not worshippers: http://www.ssfpa.se/pdf/2007/Zavaroni-artikel-A07.pdf

(9) GRICOURT, D., HOLLARD, D., Le dieu celtique Lugus sur des monnaies gallo-romaines du IIIe siècle, Dialogues d’Histoire Ancienne, XXIII, p. 237, citado en HILY, G., Le dieu celtique Lugus, École practique des Hautes Études. Section des sciencies historiques et philologiques. Menttions historie, textes et documents. Doctorat en littératures celtiques médiévales et histoire des religions, Pierre-Yves Lambert (Dir.), 2007, p. 353

(10) MACROBIO, Saturnalia, 1, 18.17-20, citado en PEREA, S., MONTERO, S., La misteriosa inscripción hispana a Zeus, Serapis y Iao: su relación con la magia y con la teología oracular del Apolo de Klaros, Miscellanea epigrafica in onore di Lidio Gasperini, pp. 729-730

(11) HOSKIN, M., Orientations of Dolmens of Western Europe: Summary and Conclusions, Journal for the History of Astronomy, Vol. 39, No. 4, p. 507-514; HOSKIN, M., Orientations of dolmens of Western Europe, Complutum, Nº 20, 2, 2010, pp. 165-175; HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, pp. 84-91

(12) LOCKYER, J. N., Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, MacMillan and Co., 1906, p. 41

(13) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 97-196
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(1) Arte rupestre de Maragatería, Miguel Ángel González, 2012

(2) Mapa del emplazamiento del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Sigpac

(3) Restos de la antigua iglesia de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(4) Santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(5) Segunda peña con cazoletas del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(6) Poste de piedra del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza (antiguamente en Pico Castro), Miguel Ángel González, 2010

(7) Cazoletas del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza (antiguamente en Pico Castro), Miguel Ángel González, 2011

(8) Cazoletas sobre el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2011

(9) Megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(10) Megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(11) Incisiones sobre el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(12) Lápida votiva de Quintanilla de Somoza, tomada de VV.AA. La Enciclopedia de León. Diario de León, 2005

(13) Distintas representaciones de figuras antropomorfas con manos destacadas en el arte rupestre europeo, más una cerámica celtibérica

(14) Una moneda tipo Thasos y una imitación del Este de Europa, que muestran en una cara a Dionisos y en la otra a Hércules. Obsérvese en la segunda, la mano con dedos largos

(15) Triangulo que representa la unidad de lo divino

(16) Amanecer en Imbolc o Samain desde el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(17) Amanecer en Imbolc o Samain desde el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2011

(18) Peñafaciel, Miguel Ángel González, 2010

(19) Amanecer en Imbolc o Samain desde La Albarda de Peñafaciel, Miguel Ángel González, 2011

(20) Orientación de las tumbas megalíticas del oeste europeo. HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, Gráfico 3, p. 89

(21) Puesta del sol en Beltaine o Lugnasad desde el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2011

(22) La construcción del calendario




7 comentarios:

  1. Adolfo Beneitez, del Bar La Somoza, que contó un dicho de Quintanilla: "Sale el sol por Sanamedo en las mañanas de abril y se esconde en agosto en el monte Becerril".
    Hay un punto, con coordenadas 42º23'16''N 6º15'38'' desde el que se ve la salida del sol y la puesta del sol en Beltaine y Lugnasad, en una zona con un topónimo bien interesante: "Caralsol de San Mamede"

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  2. Muy interesante el artículo, así como la teoría que propone sobre el uso de estos restos megalíticos como calendario.

    Saludos desde cerca de Quintanilla.

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  3. El estudio presente es de gran interes realmente. Tenemos los datos semejantes concernientes a los santuarios rupestres de la Tracia Oriental. Y MUCHAS GRACİAS PARA SUS DATOS.

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  4. Hola Beksac. Muchas gracias. Me gustaría conocer ese estudio sobre santuarios rupestres de la Tracia Oriental.

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  5. Si dedicasen su tiempo a estudiar algo que mereciese la pena.............

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    1. ¿A qué objeto de estudio debo dedicar mi tiempo, Sr. Anónimo?

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