Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

jueves, 9 de febrero de 2012

El calendario lunar prehistórico de Camposagrado

«¿Qué encuentra en estos parajas solitarios y sin las mínimas ventajas para la subsistencia el hombre de cada época? ¿Acaso su cualidad de páramo con apariencias de desierto? Desde siempre el yermo ha lanzado sobre ciertos espíritus un no se qué de fascinación. Su silencio y la amplitud de su horizonte lo convierten en lugar apto para la contemplación y para el encuentro con la Divinidad.
«Hay parajes privilegiados, como ventanas abiertas a lo trascendente. Desde ellas trató de asomarse al más allá el hombre de todos los tiempos. En estos espacios encontraremos mensajes que sólo podremos descifrar, y ello no sin grandes dificultades, ayudados de varias ciencias convergentes: la Fenomenología de la religión, la Etnología, la Antropología cultural, la Historia religiosa, la Teología»(1).
El rey Pelayo es nuestro rey Arturo particular, de modo que nos es fácil discernir cuando los episodios por él protagonizados responden a un hecho histórico o cuando se trata de un relato mítico. En este segundo caso se produce probablemente la reutilización de un relato de tradición oral más antiguo, ligado a un lugar concreto, cambiando los protagonistas y adaptándolo de acuerdo a los intereses del falsificador y para mayor gloria del obispo, rey o noble necesitado de hazañas y legitimidad para apropiarse algún recurso, bien o dominio.

Es el caso de la conocida como “Covadonga leonesa”, que algunos autores como Díez Monar creen cierta(2), una batalla brutal producida en el año 722 entre las tropas musulmanas y cristianas, capitaneadas respectivamente por Almanzor y Pelayo, y que es tan auténtica como la inmediatamente anterior de Covadonga, cerca de Cangas de Onís. No es coincidencia que estas tradiciones de batallas aparezcan asociadas a un santuario con grandes visos de origen pagano. De hecho, asistimos nuevamente a la representación de la lucha cíclica del Bien contra el Mal, del Verano contra el Invierno, un suceso mítico inserto en el ciclo festivo que probablemente se celebraba originalmente en la primavera pero que finalmente fue asociado a la festividad de la Virgen en septiembre(3).

El primer historiador que se hace eco de la tradición de Camposagrado fue el canónigo Fernández Álvarez y Miranda en su Antigüedad de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Campo sagrado de las Montañas de León, estatutos y loables exercicios de sus cofadres de 1653, el cual utiliza fuentes que no pueden ser contrastadas(4), hasta el punto que Sánchez Badiola incluso cuestiona la existencia de una tradición popular previa(5).

Según este relato, en el lugar de Camposagrado tuvo lugar la segunda gran batalla entre moros y cristianos, capitaneados estos últimos por Pelayo, después de aquella de Covadonga de 722. Santiago había revelado a Pelayo en un sueño que el enfrentamiento debía producirse en el lugar donde tiempo atrás había acampado acompañado por el Arzobispo de Toledo, Urbano, y donde habían dejado como recuerdo la imagen de Nuestra Señora de Camposagrado. Una vez allí, el Capitán Colinas propuso a Pelayo preparar un trampa, de manera que fueron excavados trece pozos ocultando cada uno de ellos cincuenta guerreros cristianos emboscados. Al día siguiente se produjo la batalla, terrible y sangrienta, en la que los cristianos tenían todas las de perder. Cuando los moros se creían ya victoriosos y habían descuidado la batalla, entró en escena el Capitán Colinas y sus guerreros que resolvieron el conflicto a su favor. Urbano bendijo el campo de batalla y dio sepultura a los muertos. Pelayo mandó levantar dos ermitas, una donde Pelayo fue inspirado por Santiago, en la Llana de Benllera, y la otra donde fue deshecho el ejercito musulmán por el Capitán Colinas, en Camposagrado. Los pozos se extienden a dos kilómetros al norte de Camposagrado hasta la cima de un monte llamado Mala Muerte(6).

El paraje es generoso en cuanto a topónimos que aluden a esta leyenda: Las Rendidas, Vallina de la Trampa, el Muro de la Trampa, Valdebanderas, Pozos de Colinas, Cordemoros, Valamuerte o Malamuerte,...







La fiesta principal se celebra el 8 de septiembre, Natividad de la Santísima Virgen, mientras que la Rogativa lo hace el segundo domingo de junio, procesión y misa campestre, pregón, ofrenda de productos tradicionales, trajes regionales, concurso de mastín leonés y corro de lucha leonesa, aunque antiguamente era en el mes de mayo, en días separados para el ayuntamiento de Carrocera y el de Rioseco de Tapia(7).
La configuración y emplazamiento del Santuario de Camposagrado responde a la función de límite reconocido en los santuarios prehistóricos(8), en el nacimiento del arroyo de Espinadal y dividiendo las diócesis de Oviedo y León, las parroquias de Benllera y Rioseco de Tapia y entre los ayuntamientos de Carrocera y Rioseca. Además, la Muria del Agua, adyacente al santuario y que antiguamente era una muria de piedras en el medio de una charca, divide los términos de Benllera, Rioseco y Tapia. Incluso el propio edificio está dividido en dos mitades por su eje, cada una con su respectiva puerta, lo que era motivo de frecuentes enfrentamientos entre obispos, párrocos y seglares:

«Ha habido en tiempos pasados grandes pleitos, entre los Obispos de Oviedo y León, sobre a quien tocaba la visita de esta santa Casa; hoy al presente la visita el de León, no sé cual sea la causa. También hubo grandes disgustos sobre qué cura había de decir la misa el día que se celebra la principal festividad de nuestra Señora; al presente la dice un año el uno, y otro el otro. La causa de esta conveniencia he oído a muchas personas de aquella tierra, que en un gran disgusto que hubo entre los curas de los dichos dos lugares, el uno tiro el bonete a la pared, y se abrió la Capilla Mayor por medio: milagro, que se tiene por cierto, que obró Nuestro Señor por la intercesión de su Santa Madre, para la quietud de los fieles, y mayor servicio suyo. La abertura se ve patentemente en la misma pared»(9).

A este respecto, nos explica Viñayo:

«La sociología y la antropología cultural sí saben darnos explicación coherente a todos los fenómenos en apariencia contradictorios. Comenzarán relatándonos hechos muy similares, referidos a otros muchos santuarios y ermitas esparcidos por lugares muy distantes entre sí, pero que tienen en común su condición rural y a un Santo como símbolo protector. Nos hablarán del “ritual de integración y diferenciación”, de una búsqueda de afirmación comunitaria y de la confesión de la propia identidda y personalidad de cada grupo primordial –clan, barrio, aldea o pueblo– trata de poner de manifiesto. Puede también intervenir como ingrediente un cauce o deshagüe ordenado a descargar la agresividad colectiva. Con estas batallas anuales y regidas por un rito ancestral se evitaban batallas más frecuentes, tanto entre los poblados rivales como entre los vecinos de la comunidad. El estudio profundo de estos fenómenos nos descubrirán un trasfondo vital y social y no un simple episodio irracional o un producto de la calentura pasajera de los vapores de la bebida; los historiadores de la religiosidad popular hacen notar cómo los santuarios de mayor devoción se encuentran situados en los límites de las demarcaciones territoriales o en las encrucijadas de los caminos de acceso a varios pueblos»(10).

A dos kilómetros del Santuario hacia el Cillerón encontramos una fila de grandes montículos horadados en su centro, tradicionalmente trece, dispuestos regularmente y al lado de un reguero(11). Finalizan en un montículo conocido como El Espinal, muy cerca de un topónimo conocido como La Fuente del Moro. La noticia más antigua que tenemos de ellos procede del Libro de la Montería del Rey Alfonso XI:

«Val Semana, et Val de Cadiellas, et Val de Ponja es todo un monte, et es bueno de oso en verano, et de puerco en ivierno. Et son las vocerías, la una por cima de la loma de Val de Cadiellas, et la otra á los Pozos de Colina fasta el Cillero. Et es el armada á Campo Sagrado, et otras dos armadas al rio de Bernesga: la una, á la boca de Val de Cadiellas, et la otra á la boca de Val Semana»(12).

Antonio Justel propuso la función de lucernas para las galerías subterráneas que recorren el valle o respiraderos del canal romano de “La Griega” que conducía el agua desde el río Torre hasta las explotaciones auríferas de Villaroquel(13). Sin embargo, parece más probable que se trate de túmulos prehistóricos saqueados, lo que explicaría el pozo central. Ya César Morán había apuntado la posible existencia de dólmenes en ese lugar, y P. Redondo halló una punta romboidal de retoque plano y un trapecio que igualmente son elementos que suelen formar parte de los ajuares megalíticos(14):

«En la Hoja de León, término de Benllera, a mano izquierda de la carretera de León a Caboalles, están los Pozos de Colinas. Son motillas, mámoas, túmulos con todas las apariencias de dólmenes. Todos ellos presentan una gran hoyo, excavación en el centro desde tiempo inmemorial; de ahí la denominación de pozos. Los túmulos son 14, aunque la tradición los reduce a 13; es que no cuenta uno que toca al Cillerón y que es el primero de la serie contando de NO. a SE. Allí mismo, junto al primero, hay una especie de sepultura, y a lado, una cruz formada en el suelo con cantos rodados. Están en una valle muy abierto, y ocupan algo más de un kilómetro, separados unos de otros por medios regulares.
«La leyenda los atribuye a una batalla entre moros y cristianos, en los que intervienen el apóstol Santiago, Pelayo y el capitán Colinas. Y explica los pozos diciendo que son trampas o celadas que hicieron en una noche 500 azadoneros cristianos. Oculta allí la fuerza, avanzaban por el campo los moros muy tranquilos; salieron rápidamente los cristianos de su escondite, se lanzaron de improvisto contra los agarenos, y los destrozaron en parte considerable. venía la noche encima y no estaba completa la victora. Entonces el capitán Colinas clamó a la Virgen pidiéndole que continuase la luz del día hasta poder derrotar por completo al enemigo. la Virgen concedió el espacio de tiempo que medía entre la puesta de sol y la noche cerrada.
«Probablemente los hoyos en cuestión no son más que excavaciones practicadas por los buscadores de tesoros, como han hecho en otros muchísimos dólmenes.
«En la misma Hoja de León, que es un gran despoblado, está el santuario de la Virgen de Campo Sagrado. Se llamó así, sigue diciendo la leyenda, por la sepultura que allí recibieron los cristianos muertos en la batalla, cementerio, campo santo, campo sagrado, y aún dice que se debe llamar campo sangrad, y no campo sagrado.
«No es difícil que ese nombre de Campo Sagrado provenga de los túmulos considerados como dólmenes, desde una época en que el pueblo aún conocía la finalidad de esos monumentos, que eran para enterrar a los difuntos.
«Nosotros exploramos uno de estos supuestos dólmenes, como quien registra una casa robada, teniendo en cuenta que hay muchas cosas que a los primeros excavadores no interesaban, tales como huesos, piedras, fragmentos de vasijas, etc. Sólo encontramos carbones vegetales, tierra quemada y una cuarcita que había sufrido intensamente la acción del fuego, y parte de ella estaba convertida en cal. Sabido es que en todos los dólmenes aparecen señales de fuego, bien fueses para la cremación de cadáveres, bien para los ritos o ceremonias verificados en el momento del sepelio»(15).

Hay también noticia, no sé si de origen popular o erudito, de un monumento megalítico en el pinar de Camposagrado, aproximadamente sobre el kilómetro 22, interpretado por Antonio Justel como calendario lunar(16):

«Por cierto, que al lado de la carretera, en Camposagrado, donde hoy existe la plantación de pinos, había una serie de trece círculos de enormes piedras con veintiocho piedras en cada círculo, presididas por una gran pilastra oquedada. Se atribuían a los adoradores de la luna. Trece lunas al año con veintiocho días lunares cada una. El estudio e investigación sobre tal curiosidad lo tiene realizado el mentado inspector don Antonio Justel publicado en el Boletín de la Inspección de León nº 19 de enero de 1970. Las piedras se llevaron al alto del Portillo de Puente Castro, algunas sirvieron de basamento de la estatua del Quijote, de Victor de los Ríos, que posteriormente se trasladó al campus universitario»(17).

Aún no he podido acceder directamente al artículo de Justel, que sólo conozco a partir de la valoración que realiza Sánchez Badiola y de una página web(18).

«Una extraña teoría místico-cósmica, que hablaba de polos magnéticos, propiedades telúricas y alineamientos prehistóricos que formaban parte de un inmenso calendario solar [...] Para Justel, los topónimos Benllera y Valsemana estaban intimamente relacionados entre sí, remontándose nada menos que al Neolítico y la Edad del Bronce. Ambas derivarían de sendas divinidades solares: Saman, dios del ocaso, y Belen, que lo era del amanecer. Durante la fiesta de Saman se celebraba el solsticio de invierno y el Año Nuevo celta, que tenía lugar en noviembre. La Belaria, o Benlera, estaba, por el contrario, dedicado a Belen o Belennos, y era celebrada durante el mes de mayo. Estos cultos dejaron entre Benllera y Valsemana un extenso campo de alineamientos megalíticos, grandes morrillos silíceos dispuestos de seis en seis metros, en hileras de 28 piedras, formando círculos en torno a otra piedra central, de mayor tamaño. Las líneas marcarían la salida del sol y de la luna y sus variaciones, indicando tanto los meses como los días. El hecho de que Valsemana se halle hacia oriente, y Benllera hacia el oeste, aunque pudiera contradecir la tesis de Justel, era explicada por este mediante un cataclismo “que trastocó el orden existente (...) cambió el rumbo solar modificando los lugares de salida y puesta del mismo: Belen venía a ser el equivalente galo de Apolo, y su era se vinculó a la constelación de Aries. Dado que antes del cataclismo la montaña de Camposagrado se hallaba en el Hemisferio Sur, sus moradores de entonces, colocados en el observatorio-templo, si miraban hacia la cordillera a las doce de la noche del primero de noviembre, verían la constelación de Geminis cruzar el meridiano. Y, por si ello fuera poco, inmediatamente tras ella surcaría el firmamento la de Pegaso, justo sobre el pago que, en memoria de ello, lleva todavía el nombre de “Cuesta del Caballo”. Por último, el paraje de Balamuerte, lejos de las explicaciones legendarias, vendría de Baal-Mot, señor de la lluvia y la muerte»(19).

Una vez sentadas las bases, comencemos nuestro análisis.

Desde la Muria del Agua se produce un alineamiento en el solsticio de verano sobre la Cuerda y otro en el lunasticio mayor Norte sobre Peña Mala, si bien no tengo claro que desde aquí fueran visibles ambos referentes del paisaje.

En lo relativo a los Pozos de Colinas, podemos comprobar su disposición lineal mediante una imagen por satélite, en dos rectas con orientaciones de 183,1º y 190,9º, es decir, casi Norte-Sur. Podríamos pensar que buscan un par de alineamientos, al Sur verdadero y a una estrella, por ejemplo, de la Cruz del Sur. Sin embargo la diferencia con este eje cardinal es demasiado grande y no tiene sentido una alineación de varios túmulos cuando la intervisibilidad de estos se limita a los inmediatos.

De los 13 pozos, sólo pude reconocer 11, que aparecen en la figura como círculos en rojo. Es llamativo constatar que están distribuidos a intervalos iguales, excepto por tres huecos, uno de ellos en la zona en la que confluyen las dos rectas. Si los rellenamos todos, tendríamos 14 puntos, con espaciamientos que varían entre los 57 y los 70 metros. Con todo, parece claro que estas dos rectas están definidas por el curso del arroyo a lo largo del cual se enclavan.

Hay una zona del horizonte con varias referencias claras asociadas a alineamientos solares y lunares significativos. Se trata de un viejo conocido y la cadena montañosa que encabeza: Los Arcos, que desde La Candamia participaba en un interesante alineamiento de un túmulo y la Fuente del Oro en el solsticio de verano.

El pozo más meridional está alineado con Los Arcos en el lunasticio menor Norte, mientras que el más septentrional los está con el Pico Las Ferreras para el mismo acontecimiento lunar. Para el solsticio de verano ambos pozos están alineados con el Piquín de la Filera y La Filera, respectivamente, y en el lunasticio mayor Norte con Peña Mala 2 y El Amargón. El pozo más septentrional está orientado con Los Arcos en las fiesta de media estación del verano. Probablemente la cercana Fuente del Mouro se beneficiara las las extraordinarias propiedades del Sol en este día. Se producen, en definitiva, alineamientos astronómicos útiles desde los dos extremos de la línea de túmulos pero ¿Para qué queremos tantos si con dos, o incluso uno, nos habría bastado?

Los picos más significativos encabezados por Los Arcos hacia el Norte son: Pico Las Ferreras, Alto de la Cañada, Peña Correa, Cuerda, Piquín de la Filera, La Filera, Peña Blanca, Peña Mala, Peña Mala 2, Amargón, Amargón 2, Alto de Acebalera, Alto de Novachos, Morro Negro Sur,... No es difícil seleccionar entre ellos algunos distribuidos de manera regular y de manera que las declinaciones obtenidas para cada uno desde cada uno de los pozos no se solape con las obtenidas desde el resto, es decir, la combinación de cada uno de los pozos y estos picos permite recorrer el rango de declinaciones desde la parada menor Norte de la Luna hasta la parada mayor de la Luna, pasando el solsticio y fiestas de media estación del verano a intervalos de 1 a 2 décimas de grado. Estos son: Los Arcos, Pico Las Ferreras, Alto de la Cañada, Cuerda, Piquín de la Filera, Filera, Peña Blanca, Peña Mala y Peña Mala 2.


Observemos, que como calendario solar sólo permitiría la detección de las fiestas de media estación y solsticio de verano. Como calendario lunar permitiría hacer un seguimiento a lo largo del ciclo de regresión de los nodos de la luna de 18,6 años a partir de las posiciones de puesta en el extremo de declinación positivo, es decir, más septentrional, de cada mes lunar, con una resolución de 1 a 2 décimas de grado. ¿Con qué objeto?

Podría permitir reconocer el ciclo de 8,65 minutos superpuesto a la inclinación de la Luna cuyos máximos se producen cada vez que uno de los nodos lunares atraviesa el plano de la eclíptica, con el propósito de predecir eclipses(20) en relación con la propuesta de Alexander Thom en cuanto a los monumentos megalíticos británicos(21). Sin embargo a este supuesto debemos hacer importantes objeciones que, lo reconozco, ignoro si pueden refutarla. La primera es que la refracción atmosférica, uno de los ingredientes que introducen incertidumbre en la observación del comportamiento en el cielo de un cuerpo celeste, que en líneas más generales queda caracterizado por su declinación, depende fuertemente de las condiciones atmosféricas: presión, temperatura e incluso longitud de onda de la luz. Es decir, las condiciones atmosféricas van a introducir muy pequeñas variaciones en las posiciones observadas de puesta y ocaso de estos cuerpos celestes en el horizonte. La segunda es que las observaciones se realizan en el horizonte, es decir, en los momentos en los que la Luna aparece en el cielo o se oculta. Sin embargo, el extremo de declinación no tiene que producirse necesariamente en este momento, sino que sucederá cuando nuestro astro esté recorriendo el cielo u oculto por debajo del horizonte. Los estudios arqueoastronómicos actuales demuestran orientaciones de algunos moumentos megalíticos prehistóricos a los lunasticios, pero son alineamientos de baja precisión, en contra de los de alta precisión defendidos por Thom(22).



En conclusión, tenemos por una parte una tradición popular y/o erudita sobre la existencia de un antiguo calendario solar y lunar en Campo Sagrado de la cual no queda ningún vestigio arqueológico, y por otra parte, unos Pozos de Colinas, que parecen ser restos de antiguos túmulos prehistóricos que evidencian unas propiedades en cuanto a uso astronómico prehistórico que permiten el seguimiento preciso del ciclo de regresión de los nodos de la luna de 18,6 años, además de alineamientos solares al solsticio y las fiestas de media estación del verano.



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(1) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, p. 10

(2) DÍEZ MONAR, J., Historia de Camposagrado, 1951, pp. 115 y 149, citado en SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 63

(3) «Masa, sin embargo (...) dice que esta batalla tuvo lugar en la primavera. Mariana (...) Cepeda y otros, en septiembre» DÍEZ GONZÁLEZ, F.A., Leyendas de Camposagrado, p. 6, citado en SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 196

(4) «Este primer historiador, F. A. y Miranda, cita como fuentes suyas a un supuesto cronista irlandés, afincado en la corte asturiana de Ramiro I (842-850) al que da el nombre de Got Villa y a su crónica Religio Gothorum, y a un Tomás de Sousa y su Annalia Lusitanorum, y al francés Gagui, en su Via Aloysica, autores y obras totalmente desconocidas de los investigadores» VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, p. 28

(5) «Las leyendas de Camposagrado, al igual que tantas otras, se han visto a tal punto manipulados o reelaborados a través de los siglos por la erudición local, el clero ansioso de relatos piadosos y los intereses de genealogistas e hidalgos pueblerinos, que difícilmente pueden ya analizarse como una manifestación de la cultura más puramente popular y consuetidinaria, si es que ello existe, o ha existido siquiera» SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 23

(6) FERNÁNDEZ ÁLVAREZ Y MIRANDA, A., Antigüedad de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Campo sagrado de las Montañas de León, estatutos y loables exercicios de sus cofadres, María de Quiñones, 1653, Tratado I de la antigüedad de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Camposagrado de las Montañas de León, capítulos 2, 3 y 4; ORDÁS, A., La Virgen de Campo Sagrado, Imp. de Nicolás López Muñoz, 1899, pp. 11-13, 16

(7) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 75-77

(8) PARCERO OUBIÑA, C., CRIADO BOADO, F., SANTOS ESTÉVEZ, M. La arqueología de los espacios sagrados, Arqueología Espacial, 19-20, Arqueología del Paisaje, Teruel, 1998, pp. 513-515

(9) FERNÁNDEZ ÁLVAREZ Y MIRANDA, A., Antigüedad de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Campo sagrado de las Montañas de León, estatutos y loables exerccios de sus cofadres, María de Quiñones, 1653, Tratado I de la antigüedad de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Camposagrado de las Montañas de León, Capítulo I, Asiento y circunferencia de la Santa Casa de Camposagrado; «Esta singular división del territorio dio lugar a curiosísimas situaciones jurisdiccionales, que dependían, simultáneamente, de dos obispos y dos párrocos, con frecuentes contenciosos sobre competencias, sin ahorrarse pleitos y excomuniones [...] Entre los párrocos surgían querellas por si tocaba al cura de Benllera o al de Rioseco celebrar la misa mayor el día de la Fiesta. Entre los seglares no iba más pacífica la procesión, por aquello de que a qué mozo y a qué pueblo correspondía sacar el pendón, o a qué autoridades llevar las insignias. Litigios que no infrecuentemente, se dirimían a garrotazos» VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 35-36

(10) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 81-82

(11) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, p. 14

(12) GUTIERRES DE LA VEGA, J., Libro de la montería del Rey D. Alfonso XI, con un discurso y notas del Excmo. Señor D. José Gutierres de la Vega, Tomo II, Madrid, 1877, p. 142

(13) JUSTEL, A., Los nombres de nuestros pueblos, Boletín de la Inspección de Enseñanza Primaria de León, citado por SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 84 y DÍAZ ALOSO, M., Mitos y Leyendas de la Tierra Leonesa, 1982, p. 33

(14) VV. AA. Historia de León. Tomo I, Universidad de León, Diario de León, 1999, p.65; «Los llamados Pozos de Colinas se remontan a muchos siglos antes de la invasión musulmana y aun a tiempos anteriores al nacimiento de Jesucristo. Por los datos que hoy poseemos, avalados por las excavaciones del sabio agustino, todo parece indicar que se trata de una necrópolis o cementerio. Cada pozo es un sepulcro familiar de origen dolménico, donde se enterraron las cenizas de los cadáveres incinerados. En época muy posterior todos los cúmulos fueron saqueados, excavándolos, lo que les dio el aspecto que ahora presentan y en vista del cual el pueblo les dio el nombre de pozos. Lo que persistió, agarrado al terreno, como suele suceder, fue el topónimo de Campo Sagrado, recordando el cementerio prehistórico o, por lo menos, protohistórico. Ese mismo topónimo de camposagrado lo encontramos en la Montaña leonesa, en el lugar de Villargusán, a la falda de Peña Ubiña, a la derecha de la carretera que, desde Puente Orugo, se dirige al Puerto de Ventana. También allí parece designar el emplazamiento de un cementerio». VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 15-16

(15) MORÁN BARDÓN, C., Excursiones arqueológicas por tierras de León, Archivos Leoneses. -- León : Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, T.III, n. 6, 1949, pp. 38-39

(16) http://aguasfrias.info/Rutas%20La%20Posada/ruta%20CAMPOSAGRADO.pdf

(17) DÍAZ ALONSO, M., Mitos y Leyendas de la Tierra Leonesa, 1982, p. 33

(18) http://www.cuadrosleon.com/calendariolunar.htm

(19) SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 38-40

(20) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 215-216

(21) THOM, A., THOM, A.S., A new study of all megalithic lunar lines, Archaeoastronomy, nº 12, Journal for the History of Astronomy, Vol. 11, 1980, pp. 78-89; THOM, A., THOM, A.S., THOM, A.S., Stonehenge as a possible lunar observatory, Journal for the History of Astronomy, Vol. 6, 1975, pp. 19-30

(22) RUGGLES, C.L.N., Astronomy in prehistoric Britain and Ireland, Yale University Press, 1999; En Astronomía Prehistórica pueden aceptarse imprecisiones de hasta ±0,5-1º, RUGGLES, C.L.N., Megalithic Astronomy: a New Archaeological and Statistical Study of 300 Western Scottish Sites. BAR British Series 123, British Archaeological Reports, 1984, p. 306

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(1) Don Pelayo. Autor: L. Madrazo, 1856

(2) Santuario de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(3) Rezando a Nuestra Señora de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(4) Feria en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(5) Concurso de Mastines en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(6) Bailes en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(7) Romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(8) Aluches en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(9) Romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(10) Pozos de Colinas. Miguel Ángel González, 2011

(11) Uno de los Pozos de Colinas. Miguel Ángel González, 2011

(12) Vista desde el santuario de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(13) Vista desde los Pozos de Colinas. Miguel Ángel González, 2011

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