Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

viernes, 13 de enero de 2012

«De un hierro saco un monumento»

Una noticia sobre mi padre ¡Qué orgullo! Podéis ver fotos de sus obras en este enlace.


Miguel González, soldador de profesión, descubrió hace 17 años que lo suyo era recrear edificios con metal.

Pablo Rioja | León. Diario de León 13/01/2012.

Hace 17 años decidió convertir su pasión por el arte en algo tangible, un pasatiempo con el que matar las frías jornadas invernales de Fojedo del Páramo. Tres años después, levantaba una particular Pulchra leonina a base de piezas de metal que supuso la primera ‘piedra’ a toda una colección de monumentos. «Para mí encontrar un hierro es como el que encuentra un tesoro», asegura Miguel González, un soldador ya jubilado en cuyo hogar descansan —a escala— el Ayuntamiento de Astorga, el Palacio de Gaudí, San Isidoro y la Catedral.

El barrio de Las Ventas le vio nacer en 1948, dándole cobijo hasta que cumplidos los 18 años se marchó a trabajar a Bilbao. «Desde joven sentí una especial admiración por los edificios históricos, me gustaba contemplarlos cuando bajaba al centro de la ciudad, hasta que un día me dio por empezar a recrearlos».

Miguel es capaz de convertir una varilla de hierro en tejas, la parte de atrás de un frigorífico en las rejas de un balcón o las válvulas de un automóvil en un campanario. El ingenio y la experiencia le convirtieron en artesano anónimo, un autodidacta con la única pretensión de aplacar su inquietud. «Me han ofrecido trasladar las obras a un sitio más vistoso en multitud de ocasiones, pero ni están en venta, ni tengo intención de sacarlas de aquí», puntualiza.

Padre de tres hijos, en la actualidad vive en Astorga con su mujer aunque se traslada a Fojedo cada quince días. Su casa está abierta a cualquier curioso que desee echar un vistazo a las obras. «La gente suele venir mucho, sobre todo durante el verano, se enteran por el boca a boca y yo estoy encantado de mostrárselo».

Al contrario de lo que pueda parecer cuando uno se topa frente a frente con sus creaciones, durante el proceso de elaboración Miguel consigue las medidas gracias a su ojo clínico, fijándose en los detalles de cada construcción real in situ y valiéndose de pequeñas fotografías para alcanzar el máximo realismo. «La seo leonesa está hecha con 3.000 piezas puestas una a una, mientras que las vidrieras las saqué de una colección que regalaron hace años», añade.

 Por si fuera poco, además de los edificios históricos cuenta con numerosas esculturas de metal en las que se esconden animales, personajes anónimos, reyes e incluso una bruja. A sus 64 años, un iptus y las cefaleas tensionales crónicas, le han limitado a preservar en buen estado su ‘pequeño’ gran patrimonio, al que ya no sumará nuevos tesoros del patrimonio artístico leonés. Pese a que la mayor parte de su vida se ha centrado en soldar allá donde había trabajo, este paisano leonés nunca entendió el significado de quedarse quieto y ante la adversidad fundó una frutería, una pescadería, fue mecánico de grúas e incluso tubero.

El errante que imaginó un reino de metal


Con 14 años comenzó a trabajar como soldador en León y sólo cuatro después emigró a Bilbao en busca de un futuro más prometedor. El metal se convirtió en compañero inseparable de aventuras hasta el punto de servirle como excusa para dar rienda suelta a su imaginación.

Hoy en día vive en la capital maragata, pero su pequeño refugio se encuentra a pocos kilómetros de su León natal, en Fojedo del Páramo. Allí ha levantado un ‘imperio’ a base de varillas, piezas de coches e incluso viejos electrodomésticos. Se confiesa amante de la historia leonesa, de sus reyes, leyendas y sobre todo de su rico patrimonio cultural.

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