Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La génesis del calendario: el calendario prehistórico

Así describió el profesor Andrew Wiles el proceso que le llevó a la demostración del último teorema de Fermat:

«Tal vez la mejor manera de describir mi experiencia de hacer matemáticas sea comparándola con la exploración de una mansión a oscuras. Entras en la primera habitación, que está en tinieblas, complemente a oscuras. Avanzas dando traspiés y tropezando con los muebles, hasta que, poco a poco, te familiarizas con la ubicación de cada uno. Por fin, al cabo de unos seis meses, encuentras el interruptor y enciendes la luz. De pronto todo se ilumina, y puedes ver con exactitud dónde estabas. Y entonces entras en la siguiente habitación oscura...»(1)

Lo cito porque ilustra precisamente mi impresión en cuanto al proceso de estudiar la cosmovisión de nuestro antepasados y la deducción de las distintas funciones de sus antiguos lugares de culto. Este blog es el registro de los distintos tropiezos y traspiés que voy dando, así que no debe extrañaros frecuentes rectificaciones, correcciones, matizaciones, etc. en los artículos. Tal vez alguna vez dé con el dichoso interruptor... ;-)

En esta entrada voy a tratar de manera general los principios de la génesis en tiempos prehistóricos de un calendario cuyos ejes principales son solsticios, equinoccios y fiestas de media estación que sería la base de otros posteriores como el irlandés, galo, germánico, griego o latino que evolucionarían a nuestro calendario cristiano actual. Aquí revisaré algunos supuestos de los que había partido en mi estudio sobre la función astronómica, como calendario en el paisaje, de los antiguos lugares de culto.

No voy a repetir las reminiscencias de este calendario original en los distintos calendarios europeos, incluido el actual, ni los rasgos característicos de las ocho festividades principales que en última instancia pueden reducirse a las cuatro fiestas de media estación, ni el extendidísimo mito universal de la renovación cíclica, estacional y generacional. Sería demasiado extenso. Os remito a mi libro Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte.

Este calendario guarda una estrecha relación con mi estudio, pues defiendo que los antiguos santuarios rupestres prehistóricos, algunos cristianizados como santuarios cristianos, tenían como una de sus funciones la de constituir un lugar de observación que establecía alineamientos astronómicos solares, lunares y estelares, definidos bien en sus estructuras, bien con puntos destacados del paisaje circundante, que permitían conocer el acontecimiento de las fechas y fiestas de este calendario fundamental.

Viajemos al Neolítico. El Hombre, cuando decide comenzar a explotar los recursos animales y vegetales que le ofrece la Naturaleza, observa un ritmo: hay un periodo frío y estéril seguido por un despertar de la vegetación y la vida animal que madura y la Naturaleza brinda sus frutos antes de dormir de nuevo. Entonces se da cuenta de que hay una relación entre el comportamiento regular de los astros del cielo con este ciclo de producción de la Naturaleza y que el conocimiento del primero le ayuda a seguir el curso del segundo.

El más obvio es el ciclo del Sol. Nuestro astro rey no nace todos los días en el mismo punto del horizonte sino que su posición de salida en el horizonte oscila a lo largo de un año entre dos valores extremos, el más septentrional en el solsticio de verano y el más meridional en el solsticio de invierno, y lo mismo podemos decir de su posición de puesta. Cada uno de los solsticios evidencia su carácter de polo del ciclo solar. El solsticio de verano es el día más largo del año, el momento máximo del Sol pero también el que da comienzo a su decadencia. Ocupa la posición central de la mitad de crecimiento. Por otra parte, el solsticio de invierno corresponde al día más corto, de menor exposición de la Tierra a los rayos solares, pero también el momento que marca su renacimiento, ocupando el punto central de la mitad de letargo. Este carácter central de los solsticios queda patente, por ejemplo, en la lengua inglesa, al denominarse respectivamente midsummer y midwinter. Sobre esto, un inciso ¿No es un poco tonto que “oficialmente”, las estaciones de verano e invierno comiencen por sus respectivos solsticios que marcan precisamente el comienzo del fin de la estación correspondiente?

El momento en el que se producen los solsticios es sensible. Con el paso de los días observamos que el recorrido de la posición de salida o de puesta del sol se va haciendo progresivamente más corto, ralentizándose hasta finalmente detenerse. Ese es el significado de solsticio, del latín solstitium o “sol quieto”. A partir de ese día, el sentido de desplazamiento de las posiciones de salida y puesta del sol se invierte y acelera progresivamente.

Queda entonces claro que el Hombre podía determinar el acontecimiento de estas dos fechas observando las posiciones extremas de puesta y salida del Sol en el horizonte. Estos ejes solsticiales son los principales de este calendario primigenio, pero sus dos fechas son insuficientes por lo que podemos considerar otras dos que nos indiquen cuando comienza la mitad fría del año y cuando la caliente y que serían los equinoccios.
Bien...nuestro calendario ya tiene dos estaciones y cuatro días especiales: los dos días que marcan el comienzo y fin de las mitades de la Vida y de la Muerte, y otros dos que marcan sus posiciones centrales. Sin embargo, a medida que la explotación animal y vegetal se va haciendo más importante para la subsistencia de aquellas comunidades humanas, dos estaciones correspondientes a las dos mitades del año son insuficiente. Necesitamos delimitar además aquellos periodos de transición estacional, precisamente los más críticos para la explotación de la Naturaleza: la Primavera en la que se prepara a la Tierra para que sea fértil y el Otoño en el que se recogen los frutos y se dan las oportunas gracias.

Las posiciones centrales de las dos estaciones extremas, verano e invierno, seguirán siendo ocupadas por sus respectivos solsticios (recordemos midsummer, midwinter,...), y cada una de las estaciones tendrá aproximadamente la misma duración. Para lograrlo, necesitamos determinar unos días que se encuentran a mitad de camino (temporal, se entiende) entre los solsticios y equinoccios, que se convierten en las conocidas fiestas de media estación aunque la denominación más extendida o popular es la de “fiestas del calendario celta” a pesar de que están presentes en un ámbito bastante más amplio. De hecho, no nos son en absoluto ajenas. En el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita, encontramos también esta división: invierno, con los meses de noviembre, diciembre y enero; verano, con febrero, marzo y abril; estío, con mayo, junio y julio; por último, otoño, con agosto, septiembre y octubre. Por el maestro Gonzalo Coreas sabemos que en el siglo XVII el año se dividía vulgarmente en invierno y verano(2).

Ruggles y Hoskin apuntan que «Se ha considerado que en la Edad del Bronce británica se utilizaba un calendario según el cual el año se dividía en cuatro por solsticios y equinoccios, y cada una de estos cuatro en dos y en dos de nuevo, dando un total de 16 meses de 22 a 24 días cada uno; y puede haber vestigios de una división octopartita del año que sobrevivió en tiempos célticos e incluso en la Edad Media representado por las fiestas de San Martín (Martinmas), Las Candelas (Candlemas), Día de Mayo (May Day) y 1º de agosto (Lammas) junto con los dos solsticios y dos equinoccios cristianizados»(3).

Y Stephen C. MacClueskey que «La división solar del año en días que caen a medio camino entre los solsticios y los equinoccios, indicadas por monumentos megalíticos prehistóricos británicos, implícitos en el Calendario de Coligny y supervivientes en las tradiciones célticas, encuentran mayores expresiones directas en las interacciones tardías entre las tradiciones céltica y cristiana, con sus mejores registros en las franjas insulares de Europa»(4).

Esta referencia implícita a las fiestas de media estación en el Calendario de Coligny se refiere a cuatro días que comparten la notación Prinni Lag... y que dividen el año solar en cuatro partes: Rivros, Cutios, Equos y Cantlos. Según MacCluskey se corresponderían con las con las fiestas de media estación si la referencia a trinox Samoni respondiera al solsticio de verano(5).

Sin embargo, la denominación más célebre de estas fiestas de media estación, o cross-quarter days en literatura anglosajona, es la irlandesa: Imbolc, Beltane, Lugnasad y Samain, que se emplazan de manera tradicional en las fechas de primero de febrero, mayo, agosto y noviembre, respectivamente. La determinación de estas fechas se haría, nuevamente, observando la posición de salida y puesta del sol en el horizonte.

«El primer tipo de astronomía que encontramos es una tradición antigua de dividir el año en ocho partes iguales utilizando simples observaciones de la salida y la puesta del Sol. La preocupación central de esta astronomía es determinar ritualmente y en el calendario fechas importantes, pero el método era estrictamente observacional. Los observadores notaron que el Sol alcanzaba alcanzaba un punto particular como medio para marcar un día particular. Esta astronomía, al igual que otras astronomías tradicionales, no cuentan con un marco teórico más allá del simple concepto de dividir el año en partes iguales»(6).

En mi libro, en el apartado relativo a La Observación del Sol, del capítulo Conceptos y Modelos del Movimientos de los Astros(7), consideraba que el comportamiento de la declinación solar, ángulo característico de un cuerpo celeste que forma en un momento dado con el ecuador celeste, podía aproximarse a un coseno con amplitud igual al ángulo de la eclíptica y periodo igual al de un año tropical solar, de modo que su máximo corresponde al solsticio de verano, el mínimo al solsticio de invierno y los equinoccios a los pasos por 0. De esta manera, la declinación en el momento de las fiestas de media estación, en el punto medio entre los valores extremos y nulos, tendría los valores ±ε cos(π/4), siendo ε la oblicuidad de la eclíptica. Con el valor actual medio de la oblicuidad de la eclíptica igual 23,4377 tendríamos que la declinación actual de las fiestas de media estacón sería ±16,57 ó ±16,92 en el 2000 a.C. Alexander Thom había calculado la declinación correspondiente a las fiestas de media estación que en terminología irlandesa denominamos Beltaine y Lugnasad con el valor de +16,67º± 0,14(8).
Sin embargo, a la hora de poner en práctica la determinación de las declinaciones de los equinoccios y las fiestas de media estación, empiezan a surgir dificultades técnicas insalvables.

Después de tantos siglos, hemos aprendido algunas cosas. Ahora sabemos que el planeta Tierra orbita alrededor del Sol en un plano que denominamos eclíptica, pero de modo que su eje forma con ella un ángulo de inclinación que se mantiene bastante constante a lo largo del año. En el solsticio de verano, la declinación solar alcanza su extremo superior o positivo mientras que en el invierno, este ángulo adquiere su valor extremo inferior o negativo. Cuando el Sol aparece en la línea de intersección entre el plano de la eclíptica y el plano del ecuador se producen los equinoccios, la duración del día y la noche son aproximadamente iguales y la declinación del Sol es 0.




Es evidente que nuestro Hombre antiguo no maneja estos conceptos, que no puede medir la declinación del Sol y consiguientemente no puede conocer el momento en que se producen los equinoccios, a diferencia de lo que sucedía con los solsticios. Difícilmente puede entonces utilizar esta referencia para el cálculo posterior de las fiestas de media estación.

Sin embargo, en su lugar, sí que puede determinar el punto medio entre los solsticios, bien en el espacio, bien en el tiempo. El primero es más problemático, y consistiría en determinar el día en el que el Sol nace en el punto medio entre las posiciones de salida de los solsticios. El segundo es más sencillo, y consiste en determinar el día acontecido una vez transcurridos la mitad de los días que hay entre los solsticios. Una vez que conocemos ese día, podemos anotar sus posiciones de salida o de puesta del Sol en el horizonte. Este equinoccio estimado tiene una diferencia aproximada de dos días respecto al equinoccio real.

Si la definición considerada hasta ahora de las fiestas de media estación como los puntos intermedios entre solsticios y equinoccios ya no me parecía convincente, el paso siguiente es su cálculo de acuerdo a este nuevo criterio. En una entrada anterior, hice referencia a una aplicación programada por mi que calculaba las coordenadas ecuatoriales del Sol, la Luna y los planetas visibles a simple vista especificando fecha y hora. A este programa he añadido una pestaña “Solsticio y Equinoccios” en la que se puede seleccionar el criterio para el cálculo de la fecha de los equinoccios: “real” o con declinación solar nula o “estimado” como punto medio entre los solsticios. La determinación de las fechas de las fiestas de media estación se realizará en referencia a unos u otros equinoccios.

Podemos sacar algunas conclusiones. Aún considerando como referencia el equinoccio real, se pone en evidencia que era un error considerar iguales en valor, aunque contrarios en signo, las declinaciones de las fiestas de media estación invernales y estivales. La segunda es que la declinación del equinoccio estimado es distinta en más de medio grado a la del equinoccio real.

A la dificultad práctica de terminar la fecha en la que la declinación solar es nula, es decir, el equinoccio real, se añade otro dato que, en mi opinión, apoya rotundamente que el Hombre antiguo sólo podía obtener el punto medio entre los solsticios como referencia para el siguiente cálculo de las fechas de media estación. Ya vimos anteriormente que existe una fuerte tradición popular de que las fechas de las fiestas de media estación coinciden con el día primero de los meses de febrero, mayo, agosto y noviembre. Es lógico pensar que, dado el desajuste producido entre el año tropical y el año del calendario juliano, hubiera una época en la que los puntos medios entre solsticios y equinoccios cayeran en estas fechas, de la misma manera que sabemos que sobre la Edad Media las fechas de los solsticios de verano e invierno lo hacían sobre las fiestas de San Antonio y Santa Lucía. Así, he programado una rutina que calcula las fiestas de media estación desde el año 100 d.C. hasta el 2011 utilizando como referencias el equinoccio real, por una parte, y el estimado como punto medio entre solsticios, por otra, y he registrado sólo aquellos años en los que la diferencia entre todas las fiestas de media estación y su correspondiente del día primero no excediera en una unidad, es decir, aquellos años en que Imbolc caía entre el 31 de enero y el 2 de febrero, Beltaine entre el 30 de abril y el 2 de mayo, Lugnasad entre el 31 de julio y el 2 de agosto y Samain entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre. Utilizando el criterio del equinoccio real obtengo 7 años desde el 876 al 900, mientras que si utilizo la referencia del punto medio entre solsticios, son 94 años entre el 840 y el 1020. La diferencia es abrumadora.

Todo esto tiene varias consecuencias. La primera es que no tienen sentido los alineamientos arqueoastronómicos en el equinoccio verdadero, aunque sí, tal vez, en fechas con declinaciones solares aproximadamente iguales a 0,5. Yo todavía no he reconocido ninguna, ni en uno ni en otro caso. La segunda es que hay que revisar la definición de las fiestas de media estación como los puntos intermedios entre los solsticios y los puntos intermedios entre esto y, consiguientemente, las declinaciones en las que se producen estas antiguas festividades. En lo sucesivo utilizaré las de la siguiente tabla.


-------------------------------------------
(1) ACZEL, A.D., El último teorema de Fermat. El secreti de un antiguo problema matemático, FCE, 2003 (1ª ed. 1996), p. 17

(2) CARO BAROJA, J. El carnaval, Taurus, 1986, 1ª ed. 1965, p. 161

(3) RUGGLES, C., HOSKIN, M, Astronomy before History, de The Cambridge Concise History of Astronomy, Michael Hoskin ed., 1999, p. 2

(4) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, p. 60

(5) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, pp. 59-60

(6) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, pp. x-xi

(7) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 212-214

(8) THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, Oxford, 1967, p. 110

-------------------------------------------
FIGURAS

(1) División octapartita del año: el calendario original

(2) Declinación solar

(3) Órbita de la Tierra alrededor del Sol y momentos de los solsticios y equinoccios.  Imagen tomada de Wiki.naturalfrequency.com: http://wiki.naturalfrequency.com/wiki/Seasonal_variation

(4) Incidencia de los rayos del Sol en los equinoccios, solsticio de junio y de diciembre. Imagen tomada de Wiki.naturalfrequency.com: http://wiki.naturalfrequency.com/wiki/Seasonal_variation

domingo, 20 de noviembre de 2011

Las pinturas del Santuario Prehistórico de Librán, en peligro

GUSTAVO LÓPEZ, D., Diario de León 20/11/2011, Filandón


Aunque las manifestaciones de este arte, en su mayoría pinturas efectuadas en abrigos rocosos, son más frecuentes en el Sur y Levante y, con carácter específico, en los petroglifos galaico-portugueses, la provincia de León no ha quedado al margen de tan importante manifestación prehistórica, contando con algunos conjuntos situados en los municipios de Vega de Espinareda (yacimiento de Peña Piñera, en la localidad de Sésamo), Toreno (El Buracón de los Mouros, en Librán, y La Cueva, en San Pedro Mallo) y Castrocontrigo (Peña del Pozo Rocebros y Cerro de Llamaluenga, ambas en Morla de la Valdería), todos ellos declarados Bien de Interés Cultural por la Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985 y, por lo tanto, teóricamente sometidos a la protección establecida en la misma ley.

A fecha actual, las pinturas de Sésamo cuentan con un estudio monográfico, realizado y publicado en 1985 por los profesores José Avelino Gutiérrez y José Luis Avello, ambos de la Universidad de León en aquellas fechas. También las de Librán fueron inventariadas en 2004 por el arqueólogo Felipe San Román, aunque de ellas no se ha efectuado ningún estudio técnico. Este segundo yacimiento ha sido objeto de polémica en los últimos dos años por causa de un supuesto expolio de algunas de sus figuras, lo cual desmintió la Junta de Castilla y León mediante un comunicado en el que aseguraba que las pinturas permanecían inalteradas respecto a la documentación existente en la Consejería de Cultura desde 1990. A pesar de ello, los vecinos de Librán siguen convencidos de que alguien se ha llevado la pintura de un soliforme, lo cual es erróneo como demuestran las fotos de este artículo.

No es fácil visitar el Buracón de los Mouros, yacimiento principal de la pequeña localidad de Librán, pues a un precioso recorrido –en nada señalizado-, ascendiendo a través de un bonito bosque de robles y pinares, le sigue un empinado descenso por un afloramiento rocoso que, aun contando con asideros recientemente instalados, no resulta apto para cualquier persona. El abrigo consiste en una oquedad natural en la roca y está orientado hacia el sureste, asomado al impresionante farallón cuarcítico que cae por la margen derecha del desfiladero de Bustillo, excavado por el río Primout aguas arriba de Librán.

Tonalidades rojizas y azuladas

La reciente protección con malla de acero instalada en la boca del covacho no impide la observación de las pinturas, en gran parte situadas cerca del exterior. Parecen estar realizadas con óxidos de hierro y manganeso y poseen tonalidades rojizas y azuladas, a veces muy desleídas por los agentes atmosféricos, distribuyéndose en varios grupos con un total de 31 figuras visibles, casi con seguridad ejecutadas en etapas cronológicamente distanciadas.

Las figuras humanas o antropomorfos generalmente tienen su cuerpo representado mediante un trazo grueso, con una pequeña prolongación en la parte superior a modo de cabeza y, en el caso de los de sexo masculino, el trazo se alarga por la parte inferior, a veces de forma muy notable (ictiformes), simulando el pene. Dos trazos adicionales, arqueados y con forma de asa o golondrina, cruzan al central y dan lugar a piernas y brazos. Este tipo de humanos es el más frecuente en el Arte Esquemático, datándose a lo largo de toda la Edad del Bronce.

A la izquierda de la cueva, cerca del exterior, se halla uno de los conjuntos más interesantes. Está representado sobre un panel de roca cuarcítica resquebrajada y demolida en su zona central por la acción de la intemperie. En su lado izquierdo se observa una escena de caza o de pastoreo en la que dos hombres marchan junto a dos cuadrúpedos grandes y dos pequeños, probablemente perros, aunque uno de ellos, por su cola larga y gruesa, parece un zorro. En color azul, bastante descolorido, se observa la figura de otro animal como los anteriores, pero éste marcha en sentido contrario y parece volverse hacia el frente, dando sensación de perspectiva. Los trazos azules se hallan en algunas zonas bajo los rojizos, seguramente por haber sido pintados en una etapa anterior. Sin embargo, la complejidad de obtener pigmentos azules hace que su presencia sea rarísima en las pinturas prehistóricas europeas, existiendo opiniones que ven en dicha dificultad la razón de que algunas culturas antiguas considerasen el azul como un símbolo del mal, al contrario del sentido que hoy se le da. Por ello es posible que, en su origen, el azul de Librán fuese un negro pintado con pirolusita o bióxido de manganeso, también existente en El Bierzo, que derivó hacia el azul por decoloración y posible transformación físico-química posterior. Ejemplos similares hay en los abrigos de Arroba de los Montes (Ciudad Real) y Cueva del Plato, en Ontiñar (Jaén), entre otros.

En el lado derecho del panel se observan otros cuatro antropomorfos masculinos y, en su entorno, restos de pintura azul junto con una figura humana, tal vez femenina, de las llamadas en «phi» griega (un círculo atravesado por un trazo vertical), ampliamente extendida por toda la Península y cuya antigüedad podría remontar a un momento avanzado de la Edad de Bronce.

Debajo y a la derecha de la «phi», existen otras cuatro figuras de las llamadas «ramiformes», también de un color rojizo bastante desvaído, dotadas con dos, tres y hasta cinco pares de extremidades de trazo más fino que las demás representaciones y, casi seguro, de etapa distinta. Normalmente se las considera esquemas de árboles, astas de ciervo o figuras humanas, según sea la temática de la escena, existiendo diferentes opiniones sobre el porqué de la multiplicidad de brazos, interpretados a veces como representación de un grupo de personas, aunque, según mi opinión, en este caso simboliza más bien a un ser de múltiples poderes y gran capacidad de acción, como ocurre en ciertas iconografías hinduistas y budistas (Brahma, Visnú, etc.). De hecho, dos de los ramiformes de Librán (uno de tres pares de extremidades y otro de cinco, aunque asimétrico y con brazos a un solo lado) se adornan con tocados de dos plumas, cosa repetida en más de veinte yacimientos esquemáticos de toda España (Sierra de la Virgen del Castillo, en Ciudad Real; Posada de los Buitres en Badajoz; Castillo de Monfragüe, en Cáceres, etc.). De forma unánime, estos adornos han sido interpretados como un símbolo de prestigio personal en una sociedad jerarquizada. Aunque las representaciones ramiformes son propias de toda la Edad del Bronce, adornos como los citados, máxime al tener en cuenta la existencia de una figura con un tocado de tres plumas o máscara con cuernos en el cercano panel que mira a San Pedro Mallo, se han datado en un Bronce avanzado o incluso final, hacia el año 1.000 antes de Cristo (Sierra Magacela y Peñón del Pez, en Badajoz; Risco de los Altares y Covacho del Pallón, en Salamanca, etc.)

Un santuario rupestre

Otras figuras aisladas y signos de distinta índole aparecen en diferentes lugares de la cueva. En la pared del fondo, sobre un saliente de roca resquebrajada, se halla una escena de significado religioso que quizás fuese el motivo principal de todo este abrigo esquemático, al menos en una de sus etapas. Se trata de un sol representado mediante una circunferencia con dieciocho radios, uno de ellos bifurcado en dos, y un antropomorfo masculino, similar a los descritos al principio, que parece mirar hacia el astro. Es probable que la escena original se completase con una mujer al lado del hombre, desapareciendo ésta al romperse la roca. Grave, aunque no por rotura de la roca, es el estado de la figura solar, que comparada con fotografías de 1990 se aprecia mucho más difuminada y deteriorada. El hombre casi ha destruido en veinte años lo que la naturaleza preservó durante más de tres mil.

Pinturas con soliformes son frecuentes en el Arte Esquemático y cronológicamente alcanzan a toda la Edad del Bronce. Menos frecuentes, sin embargo, son aquellas que incorporan humanos ante el astro solar: Canforos de Peñarrubia y Prado del Azogue, en Jaén; Parque de Monfragüe, en Cáceres; Solapo del Águila, en Segovia; La Rambla de Gérgal, en Almería, donde se hallan representados varios antropomorfos en actitud de adoración a un soliforme, etc. Este simbolismo desplaza al plano inmaterial y religioso los ideogramas de la actividad diaria expresados en el resto de las figuras del covacho, lo cual podría considerarse como una manifestación de culto al Sol, dios de la luz y de la vida, fecundador de la Madre Tierra, en cuyo seno, al fondo de la cueva, se ha representado. Se puede concluir diciendo que El Buracón de los Mouros, difícilmente accesible y con perfecta orientación para el seguimiento de la trayectoria solar, seguramente fue un santuario rupestre restringido a personajes iniciados.

Las pinturas de Librán, junto con las de San Pedro Mallo y, por proximidad y similitud conceptual, las de Sésamo (Vega de Espinareda) revisten una importancia no suficientemente valorada que bien merece mayor atención por las instituciones responsables –léase Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León-, tales como vigilancia, señalización, accesos adecuados y construcción de un centro de interpretación del arte rupestre berciano –los extremeños son un ejemplo- para promover y orientar un turismo cultural cada vez más numeroso.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El dragón del Cúa: el santuario termal de La Edrada



Hoy vamos a mi pueblo, origen además de una de mis ramas familiares: la de mi abuela paterna.
La Virgen del santuario de la Quinta Angustia es una de las Siete Hermanas. La leyenda de la fundación de su ermita nos habla de un culebrón o lagarto que fue asesinado por los vecinos y en cuya cueva fue hallada la imagen de la Virgen(1). La tradición es recogida por Mariano Enriquez en sus Notas Históricas del Bierzo:

«Don Manuel Cardeña y Heredia, rico y noble caballero cristiano vecino de Cacabelos, en el año 1854 recoge la tradición del Virgen de la Angustia diciendo "que fue encontrada la imagen al sacar el descomunal lagarto de su madriguera y darle muerte los vecinos de Cacabelos por los daños que causaba en los ganados y demás"»(2).

Se localiza en las afueras de Cacabelos, cuyo nombre viene del latín caccabum, que significa "olla, cazuela"(3), al lado del río Cúa y al Este del Castro Ventosa, un imponente cerro con meseta con murallas de cubos de origen tardorromano, que fue el asiento de un castro prerromano que presenta signos arqueológicos de ocupación desde el Hierro I hasta la Edad Media pasando por las épocas romana y visigoda, manifestándose una sensible menor densidad de hallazgos correspondientes a la época romana altoimperial(4).

Castro Ventosa ha sido relacionado con el Bergida mencionado por Floro en las guerras de Roma contra cántabros y astures(5), en mi opinión, incorrectamente, ya que este lugar es citado como cántabro y participa en una campaña dirigida por Cayo Antistio, mientras que la astur lo fue por Publio Carisio, y todo ello a pesar de las menciones al Monte Medulius y al río Minius o de la aparición de una moneda de caetra en las inmediaciones del castro(6). También ha sido relacionado con Bergidum desde el Padre Flórez(7), identificación sobre la que sembró dudas Gómez Moreno prefiriendo para ello el yacimiento cacabelense de La Edrada, si bien propone que la población prerromana sería el castro al que regresó la población con la inestabilidad de las invasiones de suevos y visigodos(8). En cualquier caso, la raíz etimológica de Bergido, berg- desde el indoeuropeo bheregh-, bherghos-, remite a un lugar elevado(9). Balboa de Paz trata detalladamente esta controversia(10).


Bergidum es mencionado por Ptolomeo como Bergidon Flavion, en el Itinerario de Antonino como Bergidum Flavium y como Bergidon en el Anónimo de Rávena, además de constar como ciudad natal de un tal Cayo Valerio Arabino según una lápida hallada en Tarragona(11). Bergido fue también una de las 11 parroquias de la diócesis de Astorga según el Parroquial Suevo, división eclesiástica pervivencia del Convento Astur que constituiría una unidad regional y administrativa en época visigoda particularmente evidente con la creación del ducado de Asturia(12), y que fue ceca en tiempo de Sisebuto lo cual sabemos por una moneda con el lema "Bergio Pius"(13). Desde época visigoda da nombre a todo un territorio del que era capital, situación que se prolongó hasta la Alta Edad Media(14).

La primera mención de Cacabelos se produce en el año 992, en una donación de Bermudo II a Carracedo(15). Sin embargo, cuando el Arzobispo Gelmirez repuebla la villa en 1108 afirma que se la encuentra destruida: «[El obispo de Santiago de Compostela Gelmírez] construyó el burgo de Cacabelos, que encontró derruido hasta el suelo y, tras hacer allí casas de gran lucimiento, consagró una iglesia»(16). El Castro Ventosa entró en decadencia desde el s. X, aunque intentó ser repoblado en 1186 por Fernando II y su hijo Alfonso, que al fallar por la oposición compostelana, ordenó destruir las murallas del castro, cuyas piedras fueron aprovechadas en el Monasterio de Carracedo(17).

La iglesia parroquial de Cacabelos es la de Santa María de la Plaza localizándose también en el Camino de Santiago que atraviesa la villa la ermita de San Roque y la Fuente de la Salud.

La fiesta de la Virgen de las Angustias se celebra el lunes de Pascua que finaliza con la salida del toro de fuego(18). El 15 de mayo se celebra San Isidro y el 16 agosto, San Roque, además del encendido de hogueras en Año Nuevo y Santa Lucía, la bendición de los panes el día de Las Candelas y de los animales en san Antón o el robo de tiestos en la Noche de San Juan con posterior matinal exhibición en la Plaza del Vendimiador. Se celebran también ferias muy concurridas en la Cruz de Mayo y en San Miguel, en septiembre. Estas tendrían un origen muy remoto pues San Valerio relaciona Bergidum como lugar donde se celebran ferias y donde tienen lugar intercambios comerciales(19).

Si vamos atrás en el tiempo, hacia los siglos XVI-XVII, encontramos referencia a una capilla de la Virgen de la Edrada considerada la matriz de la villa y a las ermitas de Nuestra Señora de la Quinta Angustia, de San Lázaro, de San Mateo y San Roque y de San Esteban(20). Esta antigua iglesia de Santa María de la Edrada, en el solar del yacimiento arqueológico romano altoimperial homónimo, desapareció al construirse el actual cementerio de la villa en 1832(21). La ermita de San Roque fue anteriormente una capilla de la Vera Cruz remodelada en 1590(22) aunque tampoco hay noticias anteriores.


En el año 1500 se celebraban tres ferias: ls de San Marcos, San Miguel y San Bartolomé, el 24 de agosto(23). En 1298 Sancho IV otorgaba a la villa la celebración de la feria de San Marcos(24).

Algunos autores consideran que hay referencias a la antigua ermita de la actual Virgen de las Angustias desde el siglo XII por la distinción entre dos iglesias, la de Sancta Maria circa Pontem y la de Sancta Maria super pontem; o Sancta Maria in viam Francorum y Sancta Maria in viam antiquam; o Sancta Maria sub ponte y Sancta Maria super Pontem(25). Sin embargo, Balboa de Paz las cuestiona al considerar que se refieren a las de Santa María de la Plaza y Santa María de la Edrada, respectivamente, mientras que el emplazamiento de la de las Angustias vendría indicado por Sancta María trans pontem(26). Así, su primera referencia sería del 1307, en un documento del monasterio de Carracedo en el que se hace referencia al hospital de Santiago y a la Magestade en el puente(27). En el siglo XVII se encuentran las primeras referencias a la advocación de las Angustias(28).


La construcción del puente sobre el Cúa probablemente formaba parte importante del plan de repoblación compostelano de Cacabelos pues es en el entorno de comienzos del siglo XIII cuando tenemos sus primeras menciones(29). Hasta entonces el camino de Santiago pasaría por Santa María de la Edrada –recordemos la mención a Santa Maria in viam antiquam– por lo que Gregoria Cavero Domínguez opina que el paso sobre el Cúa se haría posible sobre una balsa o puente de madera(30). La iglesia de Santa María de la Plaza surgiría a partir de la consagración de Gelmírez de 1108.

La etimología de Edrada(31) puede provenir del latín HEDERAM que significa "hiedra". De hecho, constan varias advocaciones de Nuestra Señora de la Yedra(32). También puede proceder del latín ATER, ATRA, ATRUM "negro", sufijado ATRATUS, A, UM "de color negro" o "de color oscuro" relacionado con lugares oscuros, en sombra o con terreno oscuro o, finalmente, continuadores de ITERARE "hacer camino", esto es, de su participio ITERATUM, en relación con un camino y en sintonía con la propuesta de Balboa de Paz que propone una etimología basada en STRATA(33).

Las noticias más antiguas de iglesias se refieren a Castro Ventosa, en el año 994, indicando que está bajo la advocación de Santa María, San Ascisclo y San Juliano(34). Resulta curioso notar que los dos últimos santos están relacionados con un río: el primero fue sometido a martirio en un horno y después arrojado con unas piedras al cuello al río Guadalquivir, en Córdoba, junto con su hermana Victoria(35), una historia que me recuerda mucho a las de la orensana Santa Mariña de Augas Santas y la maragata Santa Marina de Luyego(36). Por otra parte, San Julián el Hospitalario se enfrentó a un río en el que perecían multitud de viajeros que intentaban vadearlo fundando una hospedería y dedicándose a ayudar a cruzar su corriente a quienes lo necesitaban(37).

Comenzaremos ahora la identificación de posibles lugares de culto precristiano así como su interpretación en clave astronómica.

Uno de los más claros es el de la Fuente de la Salud. Su nombre seguramente se debe a las propiedades curativas de sus aguas, cualidad que, en mi opinión, adquiere por la luz del Sol que se pone en el destacado cerro de Miguel Rey en la fiesta de media estación de Beltaine. Para Francisco Javier García Martínez(38) el nombre de este cerro corresponde a un hagiotopónimo derivado de San Miguel. Por cierto, Ángel Llamazares Sanjuán considera que muchas denominaciones de pueblos o lugares que llevan las palabras Rey o Reina no tienen relación con personajes de la realeza, sino con una raíz hidronómica europea reĝh- que daría también origen a los frecuentes "riego" o "rego" que jalonan nuestra toponimia(39). Probablemente esta fuente fuera lugar de culto dedicado a una ninfa o moura.

En cuanto al solar del santuario de la Quinta Angustia, ya vimos que su leyenda fundacional nos habla de un culebrón o lagarto que vivía en una cueva y que fue matado por los vecinos de Cacabelos quienes encontraron la imagen de la Virgen en el interior de la guarida. Sin embargo, esta tradición no dice nada sobre si el lugar en el que se levantó el santuario coincidía con el emplazamiento de aquella cueva. Además el santuario se emplaza en relación con el límite de los términos de Cacabelos, Pieros y Sorribas, continuando así con la antigua función de punto de límite, pero también de contacto e intercambio, entre comunidades humanas, asociado a celebraciones periódicas ocasión de asambleas, celebraciones religiosas y ferias, como la célebre de la Cruz de Mayo.

Sin embargo, no he conseguido encontrar ningún alineamiento astronómico de este lugar con el paisaje circundante, y mucho menos que lo relacione con las fiestas de media estación que dan comienzo y fin al verano. Es confusa también la naturaleza de esta cueva. El terreno en el que se encuentra el santuario no parece muy propicio para la existencia de cuevas, si bien existe una curiosa referencia literaria, y probablemente fantástica, a una cueva de Cacabelos cuyo origen estaba relacionado con la ocultación de cristianos como consecuencia de la invasión musulmana de la Península Ibérica. Se trata de L´Historie de Gil Blas de Santillane, una novela picarésca escrita por Alain-René Lesage en el s. XVIII, que fue denunciado por plagio por el Padre Isla(40) y por Juan Antonio Llorente, como una escisión del entonces inédito Bachiller de Salamanca(41).


No podemos descartar que esta cueva se tratase de un dolmen, pues Ambrosio de Morales dice sobre la iglesia de Santa Cruz de Cangas de Onis: «Dentro de la iglesia está una cueva, a que se entra por una boca como un pozo, y allá hay capilla y altar»(42), siendo esta “cueva” en realidad un dolmen sobre el que se construyó la ermita. Podría ser que la orientación de este fuera con el sol en la fiesta de media estación de Beltaine y Lugnasad, como sucede en el megalito de San Salvador de Quintanilla de Somoza(43).

A estas dificultades en cuanto la interpretación en clave astronómica del solar del Santuario de la 5ª Angustia, hay que añadir que no sólo carecemos de alguna prueba que apoye la antigua existencia de un hipotético lugar de culto sino que además todo apunta a que su ermita fue construida como consecuencia del proyecto de repoblación compostelano de la villa del Cúa, asociada a un hospital a propósito del Camino de Santiago cuyo trazado había sido modificado por la construcción de un puente que sustituía el vado anterior por la zona de la Edrada. La pujanza del Santuario de la 5º Angustia coincide con la decadencia de la iglesia de la Virgen de la Edrada, lo que pone de manifiesto la competencia entre ambos centros cristianos.

La cueva del lagarto de Las Angustias no es la única historia local de dragones, ya que también se cuenta la existencia de un culebrón que devoraba los cadáveres del cementerio de Cacabelos(44). Aquí, además del recuerdo del antiguo emplazamiento de la iglesia de la Virgen de la Edrada se encuentran los restos de una instalación termal, también próxima al río Cúa, con alusiones populares a piscinas, con hallazgo de una elevada frecuencia de jarras grises de pequeño tamaño que podrían relacionarse con las halladas en el Forno da Santa de la Basílica de la Asunción de Santa Mariña de Augas Santas, así como elementos que podrían corresponder a un ajuar médico. Esta instalación evidencia una ocupación desde el siglo I hasta el V y una elevada presencia de cerámica castreña indígena(45). Gómez Moreno ya había documentado en el cementerio «un gran macizo de argamasa, que creyeron sería un horno, y un pozo rectangular, en el que había siete cráneos de toro con un clavo metido en su testuz, todos ellos quizá víctimas de sacrificios»(46). Este rito sacrificial bien podría ser el origen del Toro de Fuego que da término a la fiesta de Pascua.


La función cultual del lugar, sugerida por el pozo con cráneos de toro, se confirma por la aparición en el lugar de sendas inscripciones votivas: una ofrenda a Deae Degant[...] realizada por una mujer llamada Flauia in hono[rem] Argael[orum] y otra que citaba a Tutela[e] Bolgens[i], invocada por un individuo llamado Cladius Capito por su salud y la de los suyos(47). Para Olivares Pedreño «la aparición de la fórmula pro s(alute) sua et s(uorum) en una dedicación e Tutela muestra el amplio abanico de divinidades a la que se realizaban votos por la salud. Sólo conocemos otras dos inscripciones votivas que mencionan a diosas romanas con epítetos autóctonos de esta región. Ambas aparecieron en la parte meridional de la muralla de León y están dedicadas a unas Nymphis fontis Ameui por Cneus Iuliys Terentius Homullis Iunior, legado de la legión VII Gemina»(48).

Para Tovar, Degantia sería una divinidad acuática relacionable con el río italiano Licenza, antiguo Digentia(49). Tutela, por otra parte, sería también una deidad relacionada con las aguas en Hispania en determinados casos, que podría vincularse con ciudades hispanas llamadas Tudela. Tutela fue invocada en lugares con aguas termales como Alhama de Aragón (Aquae Bilbilinanorum), Chaves (Aquae Flaviae), y Lucus Augusti(50).

Todo ello apunta a que el lugar en el que se emplazó la importantísima iglesia de la Edrada, tanto que Balboa de Paz la relaciona con la parroquia de Bergidum citada en el Parroquial Suevo(51), se trataría de un lugar de culto termal, próximo al río Cúa identificado con la serpiente que la memoria popular recordó como un dragón que devoraba los cadáveres del cementerio, y que gozaría de propiedades curativas.

¿Y cómo se adquirían estas propiedades? Tal vez por la luz del sol del amanecer del solsticio de verano que desde aquí nace en la cumbre del Gistredo, si bien con una exactitud bastante pobre, 1,5º. Recordemos que también las saunas castreñas de Coaña y Santa Mariña de Augas Santas estaban orientadas al sol en esta fecha, y como según la tradición local de Santa Mariña, la santa fue sometida a tormento de fuego y agua de la misma manera que lo fue San Ascisclo, una de las advocaciones más antiguas relacionadas con Bergidum(52).

Desde aquí podríamos utilizar un referente en el paisaje circundante, El Castro, cerca de Finolledo, que podría utilizarse como hito para señalar el punto del orto heliaco de las Pléyades en el siglo I d.C. con una declinación de 16,5º(53), como heraldo de la fiesta de media estación que da comienzo al verano(54). Esta posibilidad me parece interesante, pues podría guardar relación con los siete cráneos de toros hallados, así como la importancia de la celebración de Beltaine sugerida por la romería de la Virgen de las Angustias en Pascua(55) o la importante feria de la Cruz de Mayo, si bien hay que admitir que esta interpretación astronómica es bastante endeble. Lamentablemente, desconocemos la disposición de restos de la instalación termal enterrada debajo del cementerio cuya orientación podría revelarse intencionada y relacionada con el soslticio y/o las fiesta de media estación estivales como se ha hecho patente en las anteriormente mencionadas de Coaña y Santa Mariña de Augas Santas.


Hay también cierto indicio que apunta a un posible traslado de lugar de culto desde Castro Ventosa a Cacabelos asociado al cambio del poblamiento pues este alineamiento del amanecer del solsticio de verano sobre el Gistredo también se produce desde Castro Ventosa, esta vez con buena exactitud, lo cual podría explicar la denominación de su puerta oriental: Puerta del Sol, una de los marcos entre Pieros y Valtuille de Abajo, así como el hallazgo, cerca de Castro Ventosa, de dos aras dedicadas a las Ninfas. Una de ellas fue encontrada en Castro Ventosa y está fechada en el segúndo consulado de Cómodo y Martio Vero (179 d. C.)(56), y la otra, dedicada a las Ninfas Camenis, en Iglesia de Campo, cerca del castro(57).


En el entorno de Cacabelos hay topónimos bien sugerentes, como el Alto de los Infiernos, entre Pieros y Cacabelos; Home de Pedra en lo alto de Vizcaíno, marco(58) entre Quilós, Canedo y Villabuena, o uno muy especial: el arroyo de Madre de Augua, probablemente en relación con otros dos topónimos relacionados con el culto al agua: Fonte Airiñas y Santa Mariña, también en Villabuena. En esta última localidad fue Palacio de los Reyes de León y lugar de residencia de los Merinos del Bierzo(59).


Hay también referencia a una corza de oro enterrada según unos en un lugar llamado “Picón” de Pieros, y/o “Corón” de Quilós(60). Yo no he conseguido que nadie me hablara de la “corza de oro” de Pieros, pero sí de la la de Quilós(61) que la tradición localiza en el Castro Picón.


Desde Santa Mariña se produce la salida del sol sobre el Cerro del Castro en las fechas de media estación que dan comienzo y fin al verano y sobre el Vizcaíno en el solsticio de verano, por lo que es posible que fuera el antiguo emplazamiento de un lugar de culto precristiano.


Hay una segunda parte de este artículo aquí.
-------------------------------------------------------------
(1) BALBOA DE PAZ, J.A., Mitos y supersticiones, Biblioteca leonesa de tradiciones, Diario de León, Edilesa, 2009, p. 56; ALONSO, J., Animales imaginarios, enigmáticos y sombólicos, GARCÍA LÓPEZ, E., CANO PINTO, L., GARCÍA RODRÍGUEZ, A., Bierzo Mágico, Diario de León, 1978

(2) ENRIQUEZ, MARIANO, Notas Históricas del Bierzo, Tomo 2, Archivo Municipal de Cacabelos, 1957

(3) «Etimológicamente parece que se halla en relación metafórica con el latín CACCABUM ‘olla, cazuela’ (EM) palabra que, a su vez, proviene del griego (DCECH s.v. cárcavo). Una variante fónica diminutiva, con la fusión de las dos -CC- > -c- la tenemos en El Cacabiellu (Tb), con el equivalente gallego-asturiano Cacabellos (Ni) frente a los de expresión plenamente gallego-portuguesa del tipo Cacabelos». GARCÍA ARIAS, X.LL., Toponimia asturiana. http://mas.lne.es/toponimia/

(4) MAÑANES, T., El Bierzo Prerromano y Romano. León, 1981

(5) «primeramente se luchó contra los cántabros bajo las murallas de Bergida. De aquí huyeron al elevadísimo monte Vindio, allí creían que antes llegarían las aguas del océano que las armas romanas» Floro, Epitoma de Historia Romana, II, 33.49. Orosio, en cambio dice «entonces, al fin, los cántabros, habiendo trabado gran combate bajo las murallas de Attica, y ee aquí derrotados huyeron inmediatamente al Monte Vindio, una fortaleza natural» Orosio, VI, 21.5

(6) MAÑANES, T., La implantación romana en territorio leonés, Lancia, 1, 1983, p. 163; BALBOA DE PAZ, J.A., Castro Ventosa en la Edad Media, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, p. 133

(7) «[Sobre el emplazamiento de Bergidum:] Pero ya que no hay vestigio en el mismo sitio [Villafranca], se encuentra a poca distancia , donde hoy dicen Castro de la Ventosa, que es una eminencia con planicie en la cima, de extension capaz de una Ciudad, que domina todo el Bierzo, y era muy acomodada al genio de los antiguos, sin haver en todo el territorio sitio mas proporcionado para Capital, segun me informan: y de hecho la tradicion del País es, que alli huvo Ciudad, y hasta hoy perseveran en el circuito de la planicie y cima porciones de sus muros [...] Conspirando pues a este sitio la distancia [según el itinerario de Antonino] y las ruinas, con la circunstancia de ser el mas proporcionado para Capital del territorio, dejarémos reducida a él la antigua Bergidum» FLOREZ, E., La España Sagrada, XVI, 1762, pp. 28-30

(8) «¿Será exacta la localización en el Castro de la susodicha Bérgidum? El único dato de comprobación, o sea las mediciones del Itinerario, dan una exactitud sólo relativa, y mientras no aparezcan piedras geográficas, el problema es algo dudoso, porque ha de saberse que, pasado el Cua, un kilómetro a oriente del Castro, existe la villa de cacabelos, en sitio llano, impropio de ciudad antigua, y, sin embargo, allí se descubren vestigios de población muy romanizada, y tales de numerosos y ricos, que le dan ventaja sobre todos los despoblados de aquella región. Así, pues, resulta creíble que ellos realmente pertenece a Bérgidum, y que, si bien el Castro pudo albergar la población primitiva, cuando los astures, celosos de su independencia, necesitaban encastillarse, luego, domeñado el territorio, hubo de trasladarse al sitio de Cacabelos, cuya bondad se acredita por el hecho mismo de sostener hoy día un centro de población algo próspero y crecido. Lo contrario es también posible, o sea un traslado al Castro en tiempom de suevos, cuando renació la inseguridad en el país» GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de la Provincia de León. Madrid, I, 1925, p. 57

(9) bheregh-, bherghos-: alto, noble, túmulo, montaña, POKORNY, J., Indogermanisches etymologisches Wörtenbuch, I. Band Francke Verlag, Bern und München, 1959, pp. 140-141; Se ha propuesto también como composición de BERG "montaña" y DUNUM "fortaleza, castro, castrillo en zona de montaña", GARCÍA MERTÍNEZ, F.J., Topónimos dobles en los pueblos de León, Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, Vol. 31, Nº 81-82, 1990-1991 , p. 91, aunque se considera a la raíz –dunum como rara y dudosa en Hispania MORALEJO, J.J., Cambre, Pambre e outros topónimos en -br, Revista galega de filoloxía, Nº. 4, 2003 , p. 99

(10) BALBOA DE PAZ, J.A., Castro Ventosa en la Edad Media, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, pp. 131-152

(11) DÍAZ ÁLVAREZ, I., Bergidum Flavium, encrucijada viaria. Cacabelos (León), Boletín do Museo Provincial de Lugo, Nº. 13, 2006-2008, p. 72

(12) SÁNCHEZ BADIOLA, J.J, Asturia en la transición a la Edad Media, Argutorio: revista de la Asociación Cultural "Monte Irago", Año 14, Nº. 24, 2010 , pp. 39-41

(13) AVELLO ÁLVAREZ, J.L., Los suevos y visigodos en la provincia de León. Análisis e inventario de sus testimonios, Memorias de Historia Antigua, XI-XII, 1990-1991, p. 301

(14) BALBOA DE PAZ, J.A., Castro Ventosa en la Edad Media, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, pp. 131-152; SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., El territorio berciano durante la Alta y Plena Edad Media, Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, Nº 109-110, 1999-2000, pp. 137-160

(15) MARTINEZ, M., Cartulario de Santa María de Carracedo, 992-1500, 1997, p. 22, citado en BALBOA DE PAZ, J.A., Castro Ventosa en la Edad Media, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, p. 149

(16) GELMÍREZ, D., Historia Compostelana, edición y traducción de Emma Falque Rey, Madrid, 1994, p. 127

(17) BALBOA DE PAZ, J.A., Castro Ventosa en la Edad Media, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, pp. 148-152

(18) ALONSO PONGA, J.L., DIEGUEZ AYERBE, A. El Bierzo, Etnografía y folklore de las comarcas leonesas, León, 1984, pp. 221

(19) UDAONDO, F.J., Las entidades geográficas en las obras de Valerio del Bierzo, Helmantica, 1997, n° 145-146, p. 218

(20) «Hay en esta villa de Cacabelos, digo, hunto a ella, una capilla de Nuestra Señora que llaman de la Edrada y bien proveida de capillas y dotadas y que fue según dicen la matriz de esta villa y mudándose los moradores quedó algo lexos de la dicha iglesia y por esto se hiço la de nuestra Señora de la Plaza, que es ahora parrochial, y esta quedó por hermita y así no hay en ella pila bautismal ni Sanctisimo sacramento, pero hay muchos entierros de los principales de la dicha villa y parten las ofrendas de los difuntos con la dicha iglesia de Nuestra Señora de la Plaza.
«En esta Santa María de la Hedrada hay una capilla de la Madalena, questá dotada de catorce miedros de vino y por raçon della está obligado el capellán, a cuyo cargo estuviere, de decir cada domingo y fiesta una misa reçada en ella y en esta villa tiene la dignidad arçobispal un juez y vicario de todo su destrito.
«Hay cinco hermitas: Nuestra Señora de la Quinta Angustia, questá de la otra parte de la puente. Sant Bartolomé, en un alto, camino de Astorga. San Laçaro y otra de San Mateo y San Roque y la última de San Estevan questá quarto de legua desta dicha villa y dicen fue parrochial aunque no tiene vestigios […] dello, mas de tener diesmos y de por si que valen más de veinte maravedís y están aplicados a un hospital de Villafranca.
«Hay en esta dicha villa una de San Juan Baptista; tiene tres camas para pobres y ornamento para decir misa» Descripción de Cacabelos según el cardenal Jerónimo del Hoyo en 1607, DEL HOYO, J., Memorias del Arzobispado de Santiago, ed. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, A., VARELA JÁCOME, B., Porto, 1949, citado en MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, p. 160

(21) Su mención explícita más antigua es un documento de 1193 sobre la venta de una viña, noticia recogida en el Cartulario de Carracedo. BALBOA DE PAZ, Santa María de la Edrada de Cacabelos, Bierzo, 1985, p. 92

(22) «dicho Matheo Chicarro da al dicho Pedro López en que ssea obligado a la azer y edificar todo el edifiço de carpintería que el dicho Mathe Chicarro de pressente quiere azer en la capilla de la Bera Cruz», Contrato entre Mateo Chicarro y Pedro López, carpintero, para edificar la capilla de la Vera Cruz de Cacabelos, que posteriormente se pondría bajo la advocación de San Roque, 27 de enero de 1590 en Cacabelos, FERNÁNDEZ VÁZQUEZ, V., Arquitectura religiosa en El Bierzo (S.XVI-XVIII), Peñalba Impresión, S. L. Ponferrada, 2000, citado en MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, p. 159

(23) BALBOA DE PAZ, J.A., Cacabelos a través de sus ferias, Estudios Bercianos, nº 3, 1985, pp. 34 y ss., citado en MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, p. 43

(24) GONZÁLEZ, F., Historia de la Feria de Cacabelos, Aquitania, nº373, 1979, citado en MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, pp. 157-158

(25) ALONSO ÁLVAREZ, P., El santuario de Nuestra Señora de las Angustias, Ilustrísimo Ayuntamiento de Cacabelos, 2001, p. 14

(26) BALBOA DE PAZ, Santa María de la Edrada de Cacabelos, Bierzo, 1985, p. 91

(27) «e de herdamento que eu teno aforado do espital de Santiago, e camino antiguo que vai por tras desta villa de Cacavellos, e camino Franzés, etc. –sic- Outrosy, dou todo quanto herdamento eu ayo de labrar pan, con todas suas árvores, e olgas, desde los camono Francés e desde la Magestade que está en o ponte de Cacavellos hasta os terminos de Carracedo». Cartulario de S. Salvador de Carracedo (992-1500), Documento 737, tomo II, p. 84

(28) MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, pp. 73-76

(29) Además del Santa María circa pontem mencionado anteriormente, documento en el que “Doña Mayor da su heredad de Cacabelos al monasterio”, Cartulario de S. Salvador de Carracedo, documento 165, citado en MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, p. 157

(30) CAVERO DOMÍNGUEZ, G., Peregrinos e indigentes en el Bierzo medieval: (siglos XI-XVI). Hospitales en el Camino de Santiago, 1987, p. 80, citado en MOUZO RIOBÓ, I, Camino de Santiago a su paso por Cacabelos, calles Cimadevilla, Santa Maria, Angustias, y Avenida de Galicia, Tésis del Máster en Renovación Urbana e Rehabilitación, Universidad de Santiago, 2008, p. 36

(31) GARCÍA ARIAS, X.LL., Toponimia asturiana, ADRÁU, en http://mas.lne.es/toponimia

(32) Virgen de la Yedra de Madrigal del Monte en Burgos, Virgen de la Yedra de Palazuelos de la Sierras en Burgos, Virgen de la Yedra de La Adrada en Ávila o Virgen de la Yedra del lugar de Ledrada en Salamanca

(33) BALBOA DE PAZ, Santa María de la Edrada de Cacabelos, Bierzo, 1985, p. 95

(34) «de villa nostra propia quam habemos en Berizu, loco praedicto, quae vocitant Castro Ventosa, sub aula Sanctae Mariae, et Sancti Asciscli, ipsam villam, et sancti Juliani» BALBOA DE PAZ, J.A., Castro Ventosa en la Edad Media, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, p. 147

(35) DE SAN NICOLÁS, Fr. P., Antigüedades eclesiásticas de España en los quatro primeros siglos de la Iglesia, 1725, p. 346

(36) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 245-256

(37) BARTOLOME PEREZ, N., El folklore relacionado con la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera (León), Revista Folklore nº 310, 2006, pp. 119-125; CANTERA MONTENEGRO, J., La vidriera de San Julián el Hospitalario en la catedral de Rouen, Thélème: Revista complutense de estudios franceses, Nº 5, 1994, pp. 16-17

(38) GARCÍA MARTÍNEZ, F.J., Hagiotoponimia menor en la provincia de León, Lletres asturianes: Boletín Oficial de l'Academia de la Llingua Asturiana, nº 58, 1996, p. 81

(39) LLAMAZARES SANJUAN, A., Rey, Reina y términos conexos en la toponimia leonesa, Lletres asturianes: Boletín Oficial de l'Academia de la Llingua Asturiana, Nº 49, 1993 , pp. 115-129


(40) ISLA, J.F., Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas a España y adoptadas en Francia por monsieur Le Sage, restituidas a su patria y a su lengua nativa por un español celoso, que no sufre se burlen de su nación, Madrid, Manuel González, 1787- 1788

(41) LLORENTE, J.A., Observaciones críticas sobre el romance de Gil Blas de Santillana, Impr. de d. T. Alban y compañía, 1822

(42) MORALES, A., Viage de Ambrosio de Morales por orden del rey D. Phelipe II. A los reynos de León, y Galicia, y Principado de Asturias, Madrid, 1765., Ed. facsímil, Madrid, 1985, p. 69

(43) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, p. 223

(44) BALBOA DE PAZ, J.A., Mitos y supersticiones, Biblioteca leonesa de tradiciones, Diario de León, Edilesa, 2009, p. 61

(45) RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, P., MARTÍNEZ MURCIEGO, N., ÁLVAREZ ORDÁS, J.C., LOMBA MARTÍNEZ, P., Campaña de excavaciones arqueológicas en "La Edrada" 2002, Actas de las Jornadas sobre Castro Ventosa / coord. por José Antonio Balboa de Paz, Inés Díaz Alvarez, Vicente Fernández Vázquez, 2003, pp. 63-82; FARIÑA BUSTO, FRANCISCO, Santa Mariña de Augas Santas. Fundación Caixa Galicia, 2002, p. 56

(46) GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de la Provincia de León. Madrid, I, 1925, p. 58

(47) GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de la Provincia de León. Madrid, I, 1925, pp. 58-59

(48) OLIVARES PEDREÑO, J.C., Los dioses de la Hispania céltica, Universidad de Alicante, 2002, p. 108

(49) TOVAR, A., Las invasiones indoeuropeas, problema estratigráfico, Zephyrus, 8, 1957, p. 79

(50) BLAZQUEZ MARTÍNEZ, J.M., GARCÍA-GELABERT PÉREZ, M.P., Recientes aportaciones al culto de las aguas en la Hispania romana, Espacio, tiempo y forma. Serie II, Historia antigua, Nº 5, 1992 (Ejemplar dedicado a: Termalismo Antiguo) , pp. 33-34, 40

(51) BALBOA DE PAZ, Santa María de la Edrada de Cacabelos, Bierzo, 1985, p. 92

(52) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 257-251

(53) Cartes du Ciel, v 3.4.1. 2011

(54) NORMAN LOCKYER, J., Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, MacMillan and Co., 1906, p. 117

(55) «Desde el punto de vista religioso, el 1 de mayo ha desaparecido como fiesta en el ámbito cristiano. Pero se encuentra en la fiesta de la Pascua, festividad también de renovación, puesto que se celebra la resurrección de Cristo […] La Pascua cristiana fue situada en el momento de la primera luna llena de primavera porque hay una equivalencia simbólica entre la divinidad (Dios padre y Dios Hijo) y la Luna [..] Estas observaciones no tienen como objetivo demostrar que la fiesta de pascua cristiana sea de origen céltico. Sucede simplemente que la fiesta pascual, de tradición indudablemnte judía, pero no grecorromana, se encontró perfectamente en su lugar en el calendario céltico» MARKALE, J., El cristianismo celta. Orígenes y huellas de una espiritualidad perdida. José J. de Olañeta, Editor, 2001, pp. 202-207

(56) Lápida votiva en una losa de pizarra negra erigida a las Ninfas que se descubrió en el Castro Ventosa
IMP • CoMMOD
OII • ET • MARTIO • VERO • IICOS
O • SALVTE SVA • ET SVORRV
I : • P PR
FERNÁNDEZ ALLER, Mª C., Epigrafía y Numismática Romanas en el Museo Arqueológico de León, Colegio Universitario de León, 1978, p. 33

(57) Ara encontrada en la Iglesia del Campo (cerca de Castro Ventosa), GARCÍA GONZÁLEZ, M. J., Creencias y cultos en El Bierzo prerromano y romano, Estudios bercianos, Nº. 2, 1984, p. 52; La leyenda es:
NY(mphys)
AVG(ustis)
CAMENIS
GRANIVS
SABINVS
LEG(atus). AVG(usti)
SANZ VILLA, J. R., Los dioses astures, Breviarios de la Calle del Pez, Instituto Leonés de Cultura, Diputación Provincial de León, 1996, pp. 134-135

(58) Mojón

(59) «Mas abajo, y al mismo tiempo margen occidental del Cua, esta Villabuena, Palacio de los Reyes de Leon y Galicia, y lugar de residencia de los Merinos del Bierzo, despues de hacerse Carracedo Monasterio. El Rey D. Bermudo II, residia aqui, quando acabó de vivir, y alli fue sepultado, como expresa el Obispo D. pelayo: In Berizo vitam finivit, in Villabona sepultus fuit. El nombre del lugar anda algo desfigurado en Algunos Autores; epero el legitimo es el manifestado. El Rey D. Alfonso IX. de Leon se le dio à su primera muger Santa Teresa, que fundó alli un Monasterio Cisterciense, y ella misma tomó el habito, como expresa el papa Gregorio IX. en Breve con que confirmó la fundacion». FLOREZ, H., España Sagrada. Teatro Geográfico-Histórico de la Iglesia de España, Tomo XVI, 1762, pp. 49-50

(60) «una corza de oro en Pieros» ANDINA YANES, J., De lugares mágicos y legendarios, en GARCÍA LÓPEZ, E., CANO PINTO, L., GARCÍA RODRÍGUEZ, A., Bierzo mágico, Diario de León, 1978; «en Pieros una corza de oro lo mismo que en el Corón de Quilós» BALBOA DE PAZ, J. A., Mitología berciana, GARCÍA LÓPEZ, E., CANO PINTO, L., GARCÍA RODRÍGUEZ, A., Bierzo mágico, Diario de León, 1978; «de una “corza de oro” enterrada en el Picón de Pieros» ALONSO, J., Animales imaginarios, enigmáticos y simbólicos, GARCÍA LÓPEZ, E., CANO PINTO, L., GARCÍA RODRÍGUEZ, A., Bierzo mágico, Diario de León, 1978; «En Pieros, en el pago conocido como "el picón", hay una corza de oro macizo enterrada» ALONSO PONGA, J.L., MAÑANES PEREZ, T., Leyendas de moros y tesoros en El Bierzo. Revista Folklore nº 8, 1981, pp. 9-13

(61) Informante Pajerto Díaz, de Quilós

--------------------------------------------
FIGURAS


(1) Cúa por Cacabelos, Miguel Ángel González, 2010

(2) Castro Ventosa, Miguel Ángel González, 2011

(3) Murallas de Castro Ventosa, Miguel Ángel González, 2011

(4) Santa María de la Plaza desde la calle Cimadevilla, Miguel Ángel González, 2011

(5) Santuario de las Angustias en la feria de la Cruz de Mayo, Miguel Ángel González, 2011

(6) Ermita de San Roque, Miguel Ángel González, 2011

(7) Virgen de la Edrada en la portada de la Iglesia de Santa María de la Plaza, Miguel Ángel González, 2010

(8) Fuente de la Salud de Cacabelos en la puesta del sol en Beltaine sobre el Cerro de Miguel Rey, Miguel Ángel González, 2011

(9) La "cueva" de la ermita de Santa Cruz en Cangas de Onis, Miguel Ángel González, 2008

(10) Yacimiento de La Edrada de Cacabelos, Miguel Ángel González, 2011

(11) Amanecer en el solsticio de verano desde La Edrada sobre Gistredo, Miguel Ángel González, 2011

(12) Sierra de Gistredo desde Cacabelos (Gistredo es el monte que se ve más elevado), Miguel Ángel González, 2011

(13) Mañana de San Juan en la Plaza del Vendimiador de Cacabelos, Miguel Ángel González, 2011

(14) Santa Mariña de Villabuena, Miguel Ángel González, 2011

(15) Vista desde Santa Mariña. En el centro el Cerro del Castro flanqueado a la izquierda por el Vizcaíno. Al fondo la Sierra de Gistredo, Miguel Ángel González, 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

El diseño sagrado de la ciudad de León. Revisión

En el artículo El diseño sagrado de la ciudad de León discutíamos sobre la orientación deliberada del campamento legionario que dio origen a la ciudad de León, el papel destacado que tienen en ella las fiestas relacionadas con la fiestas de media estación del verano puestas de manifiesto en época romana con el culto a las Ninfas, a Mercurio y a Diana y en la actualidad con la fiesta de Las Cantaderas, que sugiere su origen en una fiesta de primeros de mayo.

Entonces constatamos la proximidad, pero no coincidencia, de la declinación arrojada por la orientación de la Via Principalis al Este con la del Sol en las fiestas de media estación estivales, 13,85º y 16,76º, respectivamente. Sin embargo, la inaceptable diferencia entre ambas impedía conciliar de forma razonable la vinculación que intuíamos entre la orientación sagrada del campamento y la celebración de las fiestas de mayo y agosto, por lo que planteábamos como solución que debía producirse un alineamiento solar desde la Porta Principalis Dextra hacia el alto del cerro y centro del campamento en el momento de su fundación posible por un desnivel del suelo muy superior al actual.

Recientemente he encontrado una explicación más plausible que voy a defender en esta entrada, y es que la Via Principalis del campamento legionario leonés estaba orientada hacia el orto heliaco de las Pléyades en el momento de su fundación y el cual hacia el siglo I a.C. era heraldo de la fiesta de media estación de Beltaine.

Con el simulador astronómico Cartes du Ciel, versión 3.4.1., podemos obtener la declinación en esta época con un valor comprendido entre los 15,5º a los 16º, demasiado lejos también de los 14º del campamento. Alcyone, la estrella más brillante de las Pléyades tiene una magnitud aparente de 2,85 por lo que parece recomendable considerar una altitud aparente mínima en la dirección de la Via Principalis para detectar su orto heliaco de la estrella con valor 3º. Sin embargo, la altitud aparente de un astro que se oculta en aquel punto del horizonte de la Candamia en la dirección de la Via Principalis es inferior a 1º. Si consideramos una altitud aparente de 3º y un acimut de 72º, que es la orientación que he medido para la vía principal legionaria, tenemos una declinación astronómica de 15º, muy cerca ya de la declinación de las Pléyades en el siglo I a.C.

Por otra parte, de acuerdo a una gráfica que muestra la variación en la fecha en la que se produce el orto heliaco de varias estrellas, Pléyades incluidas, publicada por Robert D. Purrington(1) se deduce que en cambio de era este se producía aproximadamente en el día 130, es decir, sobre el 10 de mayo, poco antes del acontecimiento de la fiesta de media estación de Beltaine.


Este hallazgo trae a mi memoria una supuesta carta fechada en 1883 que Juan Luis Puente dice haber hallado entre las guardas de un libro de 1762 adquirido en Córdoba(2). Un amigo mío sostiene que dicha carta es una fabulación literaria del autor, y muy probablemente lo sea, por las razones que daré posteriormente. Sin embargo su contenido me inquieta, por su relación con lo apuntado anteriormente. Dice:

«... por eso estoy plenamente convencido de que mis hipótesis son ciertas. Hay que iniciar una excavación profunda y sistemática bajo el subsuelo de la Catedral [de León]. Deberíamos encontrar más de una sorpresa, posiblemente los restos de un círculo megalítico, semejante al de Stonehenge, cerca de Salisbury, en Gran Bretaña, que dominó hace aproximadamente cuatro mil años la colina en donde hoy se alza la Catedral de León. Como todos los grandes monumentos, este complejo de menhires fue diseñado por un solo hombre, alguien venido de lejos, posiblemente del oriente mediterráneo, a través de las rutas que seguían los comerciantes de ámbar y estaño. El paso por este lugar estaría dentro de lo posible. El punto geográfico que ocupa la catedral pertenece a la categoría más elevada de espacios en los que el universo se vuelve accesible para la mente humana. Los siglos dieron la razón a los constructores de estas obras. El arte gótico erige catedrales, a modo de naves, que parecen surcar la tierra orientándose por las Pléyades, que Diodoro de Sicilia señala como constelación guía de los navegantes de la Antigüedad y a los que estaban orientados los complejos megalíticos de Stonehenge y León. Cuando llegue ya hablaremos con más tranquilidad»

Hay algunas cosas que no cuadran en esta carta. La primera es que me parece muy dudoso que los romanos se atrevieran a incluir un monumento megalítico dentro del recinto del campamento, máxime cuando, si realmente existió, fue probablemente un lugar con un significado religioso y político importante para los astures que ocupaban aquel territorio. La segunda es que me resulta curioso, y extraño, que relacione Stonehenge con las Pléyades, adelantándose más de 20 años a la publicación de Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, en el que el astrónomo Norman Lockyer, el fundador y editor principal de la revista Nature y pionero del estudio del uso astronómico de monumentos prehistóricos, consideraba la existencia de un alineamiento astronómico con las Pléyades determinado por el Cursus de Stonehenge. Podéis encontrar su libro en la sección Biblioteca, de este blog. Por último, si por aquí había un monumento megalítico orientado a las Pléyades, este debería contener un alineamiento, pongamos en el año 3000 a.C., con declinación próxima a los 0º y acimut 90º, el cual no tengo elemento alguno para justificar.

Sin embargo, la Catedral de León, y también las termas sobre las que fue construida, tienen la misma orientación que la Via Principalis, hacia el orto heliaco de las Pléyades en el siglo I. a.C. En la fiesta prehistórica de media estación de primero de mayo, así como en otras muchas pervivencias festivas suyas, romanas o cristianas, el agua adquiere unas propiedades especiales, como sucede también en el solsticio de verano(3). Estas termas, con una orientación geográfica que señala esta antigua fiesta que sacraliza el agua, inevitablemente revelan un significado religioso que apoya su identificación con el ninfeo cuya existencia, pero no localización, se deducía las diversas dedicatorias romanas a las Ninfas halladas en distintos puntos de la ciudad. No olvidemos que, muy cerca de las termas, en Puerta Obispo, fue encontrada una inscripción dedicada a Mercurio, una divinidad estrechamente vinculada con las aguas curativas(4). Ya Campomanes y Sanchez-Mora habían identificado las Fontis Amevi con estas termas:


«Unas aras aparecidas en el lienzo meridional de la muralla, próximo al papacio de los Condes de Luna, pueden también ponerse en relación con el tema de la traída. Una sería la dedicada a las ninfas por T. Pomponio Vitrasio, datada hacia el 170 d.C.. La otra, de mayor interés para nosotros, es la dedicada a las ninfas de la fuente del AMEVI por Cn. L. terentius, Legado Augustal en el 140 d.C.
Habría que señalar una serie de datos coincidentes en esta última del AMEVI. A lA vista de quien la dedica -es decir, un cargo público- se extrae la conclusón de que esta fuente tendría un inequívoco carácter público y una funcionalidad de interés para el común del campamento. Y si hemos de dar por buena la datación comunmente aceptada para las "thermae" de mediados del siglo II, esta lápida constituiría otra pieza más dentro del puzzle: primero por la función pública que ostenta, y segundo por su fecha casi contemporánea con las "thermae"»(5).





---------------------------------------------------------
(1) PURRINGTON, R.D., Heliacal Rising and Setting: Quantitative Aspects, Archaeoastronomy nº 12, Journal of History of Astronomy, Archaeoastronomy Supplement, Vol. 19, p. 82
(2) PUENTE LÓPEZ, J.L., Mensajes escondidos en la catedral de León. Secretos del arte medieval, Ediciones Leonesas, S.A., 2002, pp. 65-67

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 127-154


(4) DIEZ DE VELASCO, F., TERMALISMO Y RELIGIÓN. La sacralización del agua termal en la Península Ibérica y el norte de África en el mundo antiguo, Ilu. Revista de ciencias de las religiones. Anejos, Nº 1, 1998, pp. 112-114


(5) CAMPOMANES, E., SÁNCHEZ-MORA, Mª.C., El abastecimiento de aguas en León en época romana, Tierras de León, nº 76, 1989, p. 64
-------------------------------------------------
CRÉDITOS FIGURAS
(1) Fechas del orto heliaco de varias estrellas brillantes y las Pleyades desde el -3000 al 2000 para la latitud 30ºN. PURRINGTON, R.D., Heliacal Rising and Setting: Quantitative Aspects, Archaeoastronomy nº 12, Journal of History of Astronomy, Archaeoastronomy Supplement, Vol. 19, pp. 72-84

(2) Plano del campamento de la Legio VII Gemina en León y reconstrucción hipotética de la configuración de los latera praetorii, GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, M.L., VIDAL ENCINAS, J.L., Recientes hallazgos sobre el campamento de la legio VII Germina en León: la situación de los principia y la configuración de los latera praetorii, BSAA Arqueología: Boletín del Seminario de Estudios de Arqueología, nº. 71, 1, 2005, pp. 177

(3) Sigpac: http://sigpac.mapa.es/fega/visor/

(4), (5), (6) y (7) Celebración de Las Cantaderas en la ciudad de León, Miguel Ángel González, 2011

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...