Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

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jueves, 3 de noviembre de 2011

Lug, el dios equino que mató al dragón del Bernesga



En Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, vimos cómo el túmulo en el que según la tradición están enterrados San Vicente y San Pelayo, hermanos de San Lorenzo, en el interior de la ermita de San Lorenzo de La Vide Gordón, estaba orientado hacia la puesta del sol en las fiestas de media estación del verano. Vimos también que la Cueva del Culuebro de La Vid miraba a la puesta del sol del solsticio de verano(1).

Entonces nos referimos a un ara romana incrustada en un túmulo dentro de la ermita, así como a la existencia de unas marcas en forma de herradura a algunos metros de la ermita y de una fuente, ya desaparecida, llamada Fuente de las Virtudes que según me indicaron estaba en el sendero que lleva a la ermita, en el tramo que discurre a través del robledal.

El bien conocido relato del abad Pedro de Zúñiga y Avellaneda de fines del siglo XVI describe el acontecimiento legendario que condujo a la fundación de la ermita:

«... y que allí avía hecho una fragua y avía templado unas ciertas varras de yerro ardiendo y las avía echado al culebro, juntamente con unos flejos de lino y unos tocinos, y que estando todo junto lo avía tragado el dicho serpiente y que avía reventado, y que con la gran bramida que avía hecho los dos hermanos más chiquitos que avía dejado se avían pasmado y se avían muerto, y cuando él vino y los halló muertos, determinara volverse para su tierra de Tángere, y avía topado el Santo (se refiere a San Lorenzo) con una acémila la cual traía una piedra de alabastro a manera de munimiento, que la acémila no avía parado hasta donde ahora está la hermita fundada, que es una tierra muy alta y avía oído decir el testigo que la acémila avía señalado las herraduras en las dichas sierras, y ansí ha visto que llegan allí muchas gentes en romería por las fiestas de San Llórente y San Vicente y San Pelayo, y en otros días del año, y avía visto que las gentes que van a la Hermita beben del agua de la fuente que dicen de las Virtudes y alcanzan gran beneficio, lo uno porque dicen que la dicha fuente que está a un trecho de ballesta de la Hermita fue fundada de las lágrimas de los Santos pequeños, que avían quedado quando el mayor fue a matar al culiebro»(2).

El ara romana incrustada a los pies de este túmulo tiene la inscripción(3):

DEIS E
EQVEVNVR(is)
IVLVUS
REBVRRVS
V(otum) S(olvit) L(ibens) M(erito)

Se trata de una dedicatoria a una especie de dioses equinos, en cumplimiento de un voto hecho por un tal Julius Reburrus. Para Marco Simón estaríamos ante un nombre en dativo de plural hispano-céltico en -ubo(s), en sintonía con inscripciones relativas a las Matres o a Lugus con referencia a «unas divinidades protectoras –de posibles connotaciones solares- que tendrían su sede en las alturas, con un santuario dominando una de las principales vías de comunicación entre las dos antiguas Asturias, la cismontana y la trasmontana». También señala un posible paralelo con el dios céltico Lugus, pues en el santuario celtibérico de Peñalba de Villastar, en Teruel se representa como una deidad bifronte también vinculado con los équidos según se desprende del vocablo equeisuique de la gran inscripción del santuario(4).

Raquel Lacalle Rodríguez, en su estudio sobre la interpretación de la simbología solar y lunar de los santuarios rupestres paleolíticos, nos propone al caballo como un símbolo del Sol, mientras que los animales con cuernos lo serían de la Luna, de modo que las composiciones de équidos y bóvidos del arte paleolítico, la dualidad y oposición de símbolos solares y lunares, son alegorías de la dramática transición estacional verano-invierno. En algunas representaciones, como en el santuario de Lascaux (Dordoña), encuentra repetidamente el tema de la pareja toro-caballo de modo que los caballos suelen aparecer en triadas, enfrentados a los astados. Distingue asimismo tres etapas solares que equivalen a la primavera, verano y otoño, más una cuarta correspondiente a su muerte en el solsticio de invierno, equivalentes asimismo con las fases de la luna: cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante y luna nueva(5). También Miranda Jane Green sostiene el carácter solar del caballo en los mitos indoeuropeos:

«Los caballos estuvieron estrechamente ligados al culto solar. Eran considerados animales con la suficiente velocidad y prestigio como para transportar al campo de batalla al dios del cielo, si bien su relación con el sol es mucho más amplia. En muchos mitos indoeuropeos sobre el sol, el disco solar es mucho más amplia. En numerosos mitos indoeuropeos sobre el sol, el disco solar era representado sobre un carro, tirado por caballos, que lo transportaban a través del cielo. El carro del dios griego Apolo era el prototipo que aparecía en el reverso de muchas monedas celtas: el arte celta, generalmente, reducía la imagen q un solo caballo, una rueda de carro y una gran disco solar radiado en el cielo»(6).

Pero la interpretación señalada por nuestros dioses equinos de La Vid no es sólo solar, sino que también es múltiple, y muy probablemente triple. Ya vimos anteriormente que Marco Simón relacionaba la inscripción con otras dedicadas a las Matres o a Lugus, y que Lacalle Rodríguez señalaba la representación general de los caballos del arte paleolítico en triadas. En toda la mitología universal son frecuentes las triadas de dioses y diosas, o representaciones iconográficas de estos con tres cabezas, o tres caras, que en última instancia remiten a una antigua divinidad solar(7).

Dioses y caballos nos recuerdan inmediatamente a Epona, una importante diosa de los celtas continentales conocida como "Yegua Divina" y "Diosa-Yegua" representada normalmente montando a caballo a la amazona, o asociada a manantailes termales como el de Allerey y Saulon-la-Chapellea en forma de ninfa desnuda. Encontramos también una triple Epona en Hogondange en el valle Moselle, que puede explicar la ocasional forma plural de su nombre, Epoabus y se la suele vincular con el culto a las Matres(8). Pero también nos remiten a Lug, la divinidad solar pancéltica(9), que como ya hemos visto, en sus manifestaciones iconográficas y epigráficas hispanas se relaciona con los caballos, y cuyos relatos mitológicos evidencian su trinidad(10).

La tradición popular relativa a la ermita de San Lorenzo de La Vid confirma su carácter como antiguo lugar de culto de una divinidad solar, múltiple y equivalente a Lug. Los protagonistas son tres santos hermanos: San Vicente (22 de enero) que podemos relacionar con la fiesta de media estación de Imbolc que marca el final del invierno y que representa al Sol joven, San Pelayo (26 de junio) que representa el solsticio de verano y la madurez del Sol y San Lorenzo (10 de agosto), el Sol decadente de Lugnasad, que a su vez se corresponde con las fiesta de la "Asamblea de Lug"(11). San Lorenzo vence al culebrón, representante lunar del invierno y del río Bernesga(12) en sintonía con el alineamiento solar que se produce hacia unos peñascos muy destacados al NE de la ermita en las fiestas de media estación estivales. No olvidemos tampoco el emplazamiento en altura de la ermita, y antiguo santuario precristiano.

El pasado 10 de agosto acudí a la romería de San Lorenzo en la Vid para ver el interior de la ermita, así como para tomar medidas del paisaje que envuelve las marcas en forma de herradura con el fin de estudiar una posible función astronómica antigua cuyos resultados expongo en este artículo, complementando así lo expuesto en el libro.

Llama la atención la sencilla de la ermita que contrasta su gran importancia en el pasado. Su mención más antigua procede de la donación de Villasimpliz por parte de Ramiro II en la que delimita el lugar por el Tueiro, la Peña de Fresno, Barcinas, el Coto de salvador, Collada Cava, la collada de Buiza, Peña Gabli y el arroyo que baja de San Vicente. En 1176 , el papa Alejandro III confirma a San Isidoro de León La Vid con dos iglesias, una en el pueblo y la otra "ubi iacet corpus [cuius] dam Sancti Vicenti". Fue un importante destino de peregrinación, de modo que once cardenales en 1552, o el papa Clemento III en 1598, otorgaban indulgencias a los fieles que las visitasen(13).

El día de la romería de San Lorenzo, Los romeros madrugan para subir a la ermita, ascenso que es aliviado por un bollo preñao que es entregado en la salida. Arriba, sobre el mediodía, se celebra la misa, que una vez finalizada señala el momento para regresar la pueblo y continuar allí la fiesta. Sin embargo, el único acceso al pueblo durante el regreso es cruzando un puente donde están apostados los mozos del pueblo, bien pertrechados de calderos de agua y dispuestos a recibir con ellos a los que regresan de la ermita.

Me llamó la atención que uno de ellos, arriba, aseguraba que era su abuelo quien había realizado los grabados de herraduras, y ello a pesar de que Pedro de Zúñiga ya hacía referencia a ellos varios siglos antes.

El significado de los grabados con forma de herraduras y su probable relación con alineamientos con los lunasticios ya fueron esbozados en Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, cuando tratamos sobre Peñamartín(14). Robert Means Lawrence, en The Magic of the Horse Shoe-With Other Folk-Lore Notes de 1899 ya enunciaba la relación de este antiquísimo símbolo con la Luna en cuarto creciente como punto de partida de su posterior uso profiláctico, protector y propiciador de la buena suerte.

«La Luna creciente con cuernos se creía que ejercía una misteriosa influencia beneficiosa no sólo para las operaciones agrícolas, sino también en los asuntos de la vida cotidiana. De ahí surge sin duda la creencia en el valor de los objetos con forma de creciente o cuernos como amuletos y encantamientos; entre estos la herradura es uno de los más disponibles, y por lo tanto uno de los más utilizados de manera general»(15)

A pesar de estar en una zona montañosa, no hay muchos elementos en el paisaje que podamos utilizar como hitos distintivos en el horizonte. Además de los peñascos localizados al Noroeste con los que están orientados la ermita y el túmulo en las fiestas de media estación estivales, destacan El Techo, Cueto Mirallo al Norte, Alto de Prao Mojón al Noreste, Formigoso al Este y finalmente San Mateo, al Sur. Pues bien, las marcas con herraduras están orientadas con el Alto de Prao Mojón en el lunasticio mayor Norte, lo cual apoya nuestra suposición de que los símbolos de herraduras grabados señalan lugares con una relación especial con este astro.

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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 91, 252-254

(2) DÍAZ ALONSO, M., Mitos y Leyendas de la Tierra Leonesa, 1982, pp. 5-6

(3) SANZ VILLA, J. R., Los dioses astures, Breviarios de la Calle del Pez, Instituto Leonés de Cultura, Diputación Provincial de León, 1996, p. 114

(4) MARCO SIMÓN, F., Deis Eqvuevnv(bo), VILLAR, F., BELTRÁN, F., (eds), Pueblos, lenguas y escrituras en la Hispania prerromana, Ediciones Universidad Salamanca, 1999, pp. 481-490; GARCÍA-GELABERT PÉREZ, M. P., Dioses y caballos en la Iberia Prerromana, Lucentum: Anales de la universidad de Alicante. Prehistoria, arqueología e historia antigua, Nº 25, 2006 , pp. 11; QUESADA SANZ, F., GABALDÓN MARTÍNEZ, M. M., ¿Hipolatría, epifanía, protección de un bien valioso?. En torno al papel ‘religioso’ de los équidos en la Protohistoria peninsular, De dioses y bestias: Animales y religión en el Mundo Antiguo / coord. por Eduardo Ferrer Albelda, José Mazuelos Pérez, José Luis Escacena Carrasco, 2008, pp. 143-162

(5) LACALLE RODRÍGUEZ, R., Sobre el significado de algunas composiciones del arte paleolítico, Zephyrus, 51, 1988, pp. 265-276

(6) GREEN, M.J., El pasado legendario. Mitos celtas, Akal, 2001, p. 51

(7) PETTAZZONI, R., The all-knowing God, Arno Press, 1978 (1ª ed. 1959), pp. 194-219; WASHBURN HOPKINS, E., Origin and Evolution of Religion, Yale University Press, 1923, pp. 291-349

(8) MacKILLOP, J., A dictionary of Celtic mythology, Oxford University Press, 1998, p. 167-168

(9) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 57-64

(10) «Fueron concebidos trillizos, pero los dos hermanos de Lug fueron o ahogados en el momento del nacimiento o convertidos en focas. Algunos autores ven en ello una evidencia de la trinidad de Lug» MacKILLOP, J., A dictionary of Celtic mythology, Oxford University Press, 1998, p. 271

(11) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 155-156

(12) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 85-96

(13) BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 253

(14) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 243-244, 263-264

(15) LAWRENCE, R. M., The Magic of the Horse Shoe-With Other Folk-Lore Notes, 1898, pp. 19-20; Utilización como elementos protectores en las puertas de las viviendas. LAWRENCE, The Magic...: 88-103; «Tanto serpientes como herraduras eran antiguamente grabados en piedras y medallas, presumiblemente como símbolos protectores». LAWRENCE, The Magic…: 58

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CRÉDITOS DE LAS FIGURAS

(1) La ermita señala la puesta del Sol en las fiestas de media estación estivales. Miguel Ángel González, 2010

(2) Interior de la ermita de San Lorenzo de La Vid. El túmulo está alineado con la ermita. Miguel Ángel González, 2011

(3) El ara votiva dedicada a los dioses equinos. Miguel Ángel González, 2011

(4) Ermita de San Lorenzo de La Vid. Miguel Ángel González, 2010

(5) Herraduras grabadas en las proximidades de la ermita de San Lorenzo de La Vid. Miguel Ángel González, 2011

(6) Romería de San Lorenzo de La Vid. Miguel Ángel González, 2011

(7) Vista hacia el Alto de Prao Mojón desde las herraduras grabadas de San Lorenzo de La Vid. Miguel Ángel González, 2011

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