Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La génesis del calendario: el calendario prehistórico

Así describió el profesor Andrew Wiles el proceso que le llevó a la demostración del último teorema de Fermat:

«Tal vez la mejor manera de describir mi experiencia de hacer matemáticas sea comparándola con la exploración de una mansión a oscuras. Entras en la primera habitación, que está en tinieblas, complemente a oscuras. Avanzas dando traspiés y tropezando con los muebles, hasta que, poco a poco, te familiarizas con la ubicación de cada uno. Por fin, al cabo de unos seis meses, encuentras el interruptor y enciendes la luz. De pronto todo se ilumina, y puedes ver con exactitud dónde estabas. Y entonces entras en la siguiente habitación oscura...»(1)

Lo cito porque ilustra precisamente mi impresión en cuanto al proceso de estudiar la cosmovisión de nuestro antepasados y la deducción de las distintas funciones de sus antiguos lugares de culto. Este blog es el registro de los distintos tropiezos y traspiés que voy dando, así que no debe extrañaros frecuentes rectificaciones, correcciones, matizaciones, etc. en los artículos. Tal vez alguna vez dé con el dichoso interruptor... ;-)

En esta entrada voy a tratar de manera general los principios de la génesis en tiempos prehistóricos de un calendario cuyos ejes principales son solsticios, equinoccios y fiestas de media estación que sería la base de otros posteriores como el irlandés, galo, germánico, griego o latino que evolucionarían a nuestro calendario cristiano actual. Aquí revisaré algunos supuestos de los que había partido en mi estudio sobre la función astronómica, como calendario en el paisaje, de los antiguos lugares de culto.

No voy a repetir las reminiscencias de este calendario original en los distintos calendarios europeos, incluido el actual, ni los rasgos característicos de las ocho festividades principales que en última instancia pueden reducirse a las cuatro fiestas de media estación, ni el extendidísimo mito universal de la renovación cíclica, estacional y generacional. Sería demasiado extenso. Os remito a mi libro Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte.

Este calendario guarda una estrecha relación con mi estudio, pues defiendo que los antiguos santuarios rupestres prehistóricos, algunos cristianizados como santuarios cristianos, tenían como una de sus funciones la de constituir un lugar de observación que establecía alineamientos astronómicos solares, lunares y estelares, definidos bien en sus estructuras, bien con puntos destacados del paisaje circundante, que permitían conocer el acontecimiento de las fechas y fiestas de este calendario fundamental.

Viajemos al Neolítico. El Hombre, cuando decide comenzar a explotar los recursos animales y vegetales que le ofrece la Naturaleza, observa un ritmo: hay un periodo frío y estéril seguido por un despertar de la vegetación y la vida animal que madura y la Naturaleza brinda sus frutos antes de dormir de nuevo. Entonces se da cuenta de que hay una relación entre el comportamiento regular de los astros del cielo con este ciclo de producción de la Naturaleza y que el conocimiento del primero le ayuda a seguir el curso del segundo.

El más obvio es el ciclo del Sol. Nuestro astro rey no nace todos los días en el mismo punto del horizonte sino que su posición de salida en el horizonte oscila a lo largo de un año entre dos valores extremos, el más septentrional en el solsticio de verano y el más meridional en el solsticio de invierno, y lo mismo podemos decir de su posición de puesta. Cada uno de los solsticios evidencia su carácter de polo del ciclo solar. El solsticio de verano es el día más largo del año, el momento máximo del Sol pero también el que da comienzo a su decadencia. Ocupa la posición central de la mitad de crecimiento. Por otra parte, el solsticio de invierno corresponde al día más corto, de menor exposición de la Tierra a los rayos solares, pero también el momento que marca su renacimiento, ocupando el punto central de la mitad de letargo. Este carácter central de los solsticios queda patente, por ejemplo, en la lengua inglesa, al denominarse respectivamente midsummer y midwinter. Sobre esto, un inciso ¿No es un poco tonto que “oficialmente”, las estaciones de verano e invierno comiencen por sus respectivos solsticios que marcan precisamente el comienzo del fin de la estación correspondiente?

El momento en el que se producen los solsticios es sensible. Con el paso de los días observamos que el recorrido de la posición de salida o de puesta del sol se va haciendo progresivamente más corto, ralentizándose hasta finalmente detenerse. Ese es el significado de solsticio, del latín solstitium o “sol quieto”. A partir de ese día, el sentido de desplazamiento de las posiciones de salida y puesta del sol se invierte y acelera progresivamente.

Queda entonces claro que el Hombre podía determinar el acontecimiento de estas dos fechas observando las posiciones extremas de puesta y salida del Sol en el horizonte. Estos ejes solsticiales son los principales de este calendario primigenio, pero sus dos fechas son insuficientes por lo que podemos considerar otras dos que nos indiquen cuando comienza la mitad fría del año y cuando la caliente y que serían los equinoccios.
Bien...nuestro calendario ya tiene dos estaciones y cuatro días especiales: los dos días que marcan el comienzo y fin de las mitades de la Vida y de la Muerte, y otros dos que marcan sus posiciones centrales. Sin embargo, a medida que la explotación animal y vegetal se va haciendo más importante para la subsistencia de aquellas comunidades humanas, dos estaciones correspondientes a las dos mitades del año son insuficiente. Necesitamos delimitar además aquellos periodos de transición estacional, precisamente los más críticos para la explotación de la Naturaleza: la Primavera en la que se prepara a la Tierra para que sea fértil y el Otoño en el que se recogen los frutos y se dan las oportunas gracias.

Las posiciones centrales de las dos estaciones extremas, verano e invierno, seguirán siendo ocupadas por sus respectivos solsticios (recordemos midsummer, midwinter,...), y cada una de las estaciones tendrá aproximadamente la misma duración. Para lograrlo, necesitamos determinar unos días que se encuentran a mitad de camino (temporal, se entiende) entre los solsticios y equinoccios, que se convierten en las conocidas fiestas de media estación aunque la denominación más extendida o popular es la de “fiestas del calendario celta” a pesar de que están presentes en un ámbito bastante más amplio. De hecho, no nos son en absoluto ajenas. En el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita, encontramos también esta división: invierno, con los meses de noviembre, diciembre y enero; verano, con febrero, marzo y abril; estío, con mayo, junio y julio; por último, otoño, con agosto, septiembre y octubre. Por el maestro Gonzalo Coreas sabemos que en el siglo XVII el año se dividía vulgarmente en invierno y verano(2).

Ruggles y Hoskin apuntan que «Se ha considerado que en la Edad del Bronce británica se utilizaba un calendario según el cual el año se dividía en cuatro por solsticios y equinoccios, y cada una de estos cuatro en dos y en dos de nuevo, dando un total de 16 meses de 22 a 24 días cada uno; y puede haber vestigios de una división octopartita del año que sobrevivió en tiempos célticos e incluso en la Edad Media representado por las fiestas de San Martín (Martinmas), Las Candelas (Candlemas), Día de Mayo (May Day) y 1º de agosto (Lammas) junto con los dos solsticios y dos equinoccios cristianizados»(3).

Y Stephen C. MacClueskey que «La división solar del año en días que caen a medio camino entre los solsticios y los equinoccios, indicadas por monumentos megalíticos prehistóricos británicos, implícitos en el Calendario de Coligny y supervivientes en las tradiciones célticas, encuentran mayores expresiones directas en las interacciones tardías entre las tradiciones céltica y cristiana, con sus mejores registros en las franjas insulares de Europa»(4).

Esta referencia implícita a las fiestas de media estación en el Calendario de Coligny se refiere a cuatro días que comparten la notación Prinni Lag... y que dividen el año solar en cuatro partes: Rivros, Cutios, Equos y Cantlos. Según MacCluskey se corresponderían con las con las fiestas de media estación si la referencia a trinox Samoni respondiera al solsticio de verano(5).

Sin embargo, la denominación más célebre de estas fiestas de media estación, o cross-quarter days en literatura anglosajona, es la irlandesa: Imbolc, Beltane, Lugnasad y Samain, que se emplazan de manera tradicional en las fechas de primero de febrero, mayo, agosto y noviembre, respectivamente. La determinación de estas fechas se haría, nuevamente, observando la posición de salida y puesta del sol en el horizonte.

«El primer tipo de astronomía que encontramos es una tradición antigua de dividir el año en ocho partes iguales utilizando simples observaciones de la salida y la puesta del Sol. La preocupación central de esta astronomía es determinar ritualmente y en el calendario fechas importantes, pero el método era estrictamente observacional. Los observadores notaron que el Sol alcanzaba alcanzaba un punto particular como medio para marcar un día particular. Esta astronomía, al igual que otras astronomías tradicionales, no cuentan con un marco teórico más allá del simple concepto de dividir el año en partes iguales»(6).

En mi libro, en el apartado relativo a La Observación del Sol, del capítulo Conceptos y Modelos del Movimientos de los Astros(7), consideraba que el comportamiento de la declinación solar, ángulo característico de un cuerpo celeste que forma en un momento dado con el ecuador celeste, podía aproximarse a un coseno con amplitud igual al ángulo de la eclíptica y periodo igual al de un año tropical solar, de modo que su máximo corresponde al solsticio de verano, el mínimo al solsticio de invierno y los equinoccios a los pasos por 0. De esta manera, la declinación en el momento de las fiestas de media estación, en el punto medio entre los valores extremos y nulos, tendría los valores ±ε cos(π/4), siendo ε la oblicuidad de la eclíptica. Con el valor actual medio de la oblicuidad de la eclíptica igual 23,4377 tendríamos que la declinación actual de las fiestas de media estacón sería ±16,57 ó ±16,92 en el 2000 a.C. Alexander Thom había calculado la declinación correspondiente a las fiestas de media estación que en terminología irlandesa denominamos Beltaine y Lugnasad con el valor de +16,67º± 0,14(8).
Sin embargo, a la hora de poner en práctica la determinación de las declinaciones de los equinoccios y las fiestas de media estación, empiezan a surgir dificultades técnicas insalvables.

Después de tantos siglos, hemos aprendido algunas cosas. Ahora sabemos que el planeta Tierra orbita alrededor del Sol en un plano que denominamos eclíptica, pero de modo que su eje forma con ella un ángulo de inclinación que se mantiene bastante constante a lo largo del año. En el solsticio de verano, la declinación solar alcanza su extremo superior o positivo mientras que en el invierno, este ángulo adquiere su valor extremo inferior o negativo. Cuando el Sol aparece en la línea de intersección entre el plano de la eclíptica y el plano del ecuador se producen los equinoccios, la duración del día y la noche son aproximadamente iguales y la declinación del Sol es 0.




Es evidente que nuestro Hombre antiguo no maneja estos conceptos, que no puede medir la declinación del Sol y consiguientemente no puede conocer el momento en que se producen los equinoccios, a diferencia de lo que sucedía con los solsticios. Difícilmente puede entonces utilizar esta referencia para el cálculo posterior de las fiestas de media estación.

Sin embargo, en su lugar, sí que puede determinar el punto medio entre los solsticios, bien en el espacio, bien en el tiempo. El primero es más problemático, y consistiría en determinar el día en el que el Sol nace en el punto medio entre las posiciones de salida de los solsticios. El segundo es más sencillo, y consiste en determinar el día acontecido una vez transcurridos la mitad de los días que hay entre los solsticios. Una vez que conocemos ese día, podemos anotar sus posiciones de salida o de puesta del Sol en el horizonte. Este equinoccio estimado tiene una diferencia aproximada de dos días respecto al equinoccio real.

Si la definición considerada hasta ahora de las fiestas de media estación como los puntos intermedios entre solsticios y equinoccios ya no me parecía convincente, el paso siguiente es su cálculo de acuerdo a este nuevo criterio. En una entrada anterior, hice referencia a una aplicación programada por mi que calculaba las coordenadas ecuatoriales del Sol, la Luna y los planetas visibles a simple vista especificando fecha y hora. A este programa he añadido una pestaña “Solsticio y Equinoccios” en la que se puede seleccionar el criterio para el cálculo de la fecha de los equinoccios: “real” o con declinación solar nula o “estimado” como punto medio entre los solsticios. La determinación de las fechas de las fiestas de media estación se realizará en referencia a unos u otros equinoccios.

Podemos sacar algunas conclusiones. Aún considerando como referencia el equinoccio real, se pone en evidencia que era un error considerar iguales en valor, aunque contrarios en signo, las declinaciones de las fiestas de media estación invernales y estivales. La segunda es que la declinación del equinoccio estimado es distinta en más de medio grado a la del equinoccio real.

A la dificultad práctica de terminar la fecha en la que la declinación solar es nula, es decir, el equinoccio real, se añade otro dato que, en mi opinión, apoya rotundamente que el Hombre antiguo sólo podía obtener el punto medio entre los solsticios como referencia para el siguiente cálculo de las fechas de media estación. Ya vimos anteriormente que existe una fuerte tradición popular de que las fechas de las fiestas de media estación coinciden con el día primero de los meses de febrero, mayo, agosto y noviembre. Es lógico pensar que, dado el desajuste producido entre el año tropical y el año del calendario juliano, hubiera una época en la que los puntos medios entre solsticios y equinoccios cayeran en estas fechas, de la misma manera que sabemos que sobre la Edad Media las fechas de los solsticios de verano e invierno lo hacían sobre las fiestas de San Antonio y Santa Lucía. Así, he programado una rutina que calcula las fiestas de media estación desde el año 100 d.C. hasta el 2011 utilizando como referencias el equinoccio real, por una parte, y el estimado como punto medio entre solsticios, por otra, y he registrado sólo aquellos años en los que la diferencia entre todas las fiestas de media estación y su correspondiente del día primero no excediera en una unidad, es decir, aquellos años en que Imbolc caía entre el 31 de enero y el 2 de febrero, Beltaine entre el 30 de abril y el 2 de mayo, Lugnasad entre el 31 de julio y el 2 de agosto y Samain entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre. Utilizando el criterio del equinoccio real obtengo 7 años desde el 876 al 900, mientras que si utilizo la referencia del punto medio entre solsticios, son 94 años entre el 840 y el 1020. La diferencia es abrumadora.

Todo esto tiene varias consecuencias. La primera es que no tienen sentido los alineamientos arqueoastronómicos en el equinoccio verdadero, aunque sí, tal vez, en fechas con declinaciones solares aproximadamente iguales a 0,5. Yo todavía no he reconocido ninguna, ni en uno ni en otro caso. La segunda es que hay que revisar la definición de las fiestas de media estación como los puntos intermedios entre los solsticios y los puntos intermedios entre esto y, consiguientemente, las declinaciones en las que se producen estas antiguas festividades. En lo sucesivo utilizaré las de la siguiente tabla.


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(1) ACZEL, A.D., El último teorema de Fermat. El secreti de un antiguo problema matemático, FCE, 2003 (1ª ed. 1996), p. 17

(2) CARO BAROJA, J. El carnaval, Taurus, 1986, 1ª ed. 1965, p. 161

(3) RUGGLES, C., HOSKIN, M, Astronomy before History, de The Cambridge Concise History of Astronomy, Michael Hoskin ed., 1999, p. 2

(4) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, p. 60

(5) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, pp. 59-60

(6) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, pp. x-xi

(7) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 212-214

(8) THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, Oxford, 1967, p. 110

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FIGURAS

(1) División octapartita del año: el calendario original

(2) Declinación solar

(3) Órbita de la Tierra alrededor del Sol y momentos de los solsticios y equinoccios.  Imagen tomada de Wiki.naturalfrequency.com: http://wiki.naturalfrequency.com/wiki/Seasonal_variation

(4) Incidencia de los rayos del Sol en los equinoccios, solsticio de junio y de diciembre. Imagen tomada de Wiki.naturalfrequency.com: http://wiki.naturalfrequency.com/wiki/Seasonal_variation

1 comentario:

  1. Sencillamente apasionante. Voy a mandarte mañana el libro: As festas celtas, y un trabajo de Caro Baroja sobre el calendario vasco, que quizá pueda también interesarte. Un abrazo.

    Nicolás

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